La marca del límite
Por Hernán Lascano / La Capital. Cuando mataron a María Soledad la avenida principal de Catamarca se llamaba Vicente Saadi, un barrio de la ciudad Ramón Saadi y una guardería infantil Julián Saadi. Marcos Saadi era senador provincial, Arnoldo Saadi intendente de Belén y Luis Saadi diputado nacional.

Martes 13 de Abril de 2010

Cuando mataron a María Soledad la avenida principal de Catamarca se llamaba Vicente Saadi, un barrio de la ciudad Ramón Saadi y una guardería infantil Julián Saadi. Marcos Saadi era senador provincial, Arnoldo Saadi intendente de Belén y Luis Saadi diputado nacional. Todo el Poder Judicial, como el Ejecutivo y la Legislatura, estaban copados por favoritos de la gran familia. Uno de ellos era Luis Luque, el Gordo, papá de Guillermo.

Pero aún en una sociedad tan regimentada las relaciones de poder pueden alterarse. A veces lo que abre la grieta por la que se filtra el cambio es el hastío ante un suceso usual. El asesinato de María Soledad fue uno de los tantos hechos injustos cometido por una minoría habituada a no correr riesgos tras el escudo de su influencia. Pero fue el último. La ilegitimidad de un poder sostenido en la injusticia se transparentó en las marchas de silencio. Y un ciclo basado en la impunidad terminó.

Por eso Guillermo Luque tuvo condena. Ahora no es excarcelado por gozar de un privilegio sino de un beneficio legal de cualquier ciudadano en su situación. No es lo mismo que antes. El poder cambia cuando al abuso la sociedad civil le traza el límite.