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La llegada de las fuerzas federales impuso un cambio en el negocio de las drogas

Tras numerosos allanamientos, la comercialización en búnkers ha dado paso al sistema de deliverys o puntos móviles. Además, en la ciudad parece que se ha dejado de cocinar. 

Domingo 18 de Mayo de 2014

Por primera vez desde el desembarco de las fuerzas nacionales en las calles de Rosario, el pasado 9 de abril, se admite que el mercado de la droga en la ciudad sufre la presión de esa presencia. "Estamos asistiendo a un cambio de hábito, porque se está dejando atrás el búnker para vender en la calle o hacer delivery", dijo el secretario de Seguridad de la Nación, Sergio Berni, en una conferencia de prensa brindada el martes tras anunciar la caída de la banda de "Los Lagartos", comanda por Víctor Hugo Gricevich y su hijo Víctor Fabián. Y Berni amplió ese concepto: "El delivery era lo más normal tiempo atrás. Lo atípico era la presencia de estos búnkers que atentaban contra el manual del buen narcotraficante, dicho esto con respeto. No te quedes mucho tiempo en una misma esquina porque la policía te va a agarrar. El búnker es el símbolo de la impunidad".

Bandas caídas. "La banda de "Los Lagartos" trabajaba bajando droga para Delfín Zacarías y una vez que ese hombre fue preso comenzaron a operar por su cuenta", explicó durante la semana una fuente ligada a la pesquisa que terminó con siete detenidos, el secuestro de 20 kilos de cocaína de una pureza del 96 por ciento, la desarticulación de un laboratorio para estirar (rebajar la calidad) la droga y la incautación de 70 kilos de sustancias de corte.

Zacarías, en tanto, había sido detenido el 5 de septiembre último en una finca Funes en la que se incautaron 300 kilos de pasta base de cocaína y unos mil litros de precursores químicos para fabricar la droga. Esa fue la primera vez que Berni "bajó" al terreno local para dar precisiones sobre un operativo antinarcóticos a gran escala.

A "Los Lagartos" los pesquisas llegaron a partir de una investigación que el juez federal de Posadas (subrogante en el juzgado federal de Eldorado), José Luis Casals, inició a partir de la caída en febrero de 2013 de Slawmir Andzej Polus, "El francés", a quien el propio Berni calificó como "el rey de la marihuana".

"La jugada que estaba haciendo esta banda, con lo decaído que está el mercado rosarino tras la llegada de las tropas federales, les hubiera dejado alrededor de un millón de pesos de ganancia distribuyendo la droga en los búnkers. Pero hay que tener en cuenta que no se está consiguiendo cocaína en la calle y la que hay tiene una pureza que con suerte puede llegar al 15 por ciento, una basura", indicó el vocero.

Las razones. Y explicó que eso sucede por dos motivos. "Uno es la presión que se ejerce sobre los búnkers (en un mes fueron allanados más de 90 en distintos barrios), por lo que los transeros hacen las recargas de esos quioscos cada dos o tres horas para no perder mercadería. Por eso, cómo mucho, en un allanamiento podes encontrar 100 ó 120 dosis", confió la fuente.

"Otro de los motivos es que no se está cocinando cocaína en Rosario porque nadie quiere arriesgarse a perder una carga de pasta base en un control de rutas. La pasta base se paga a la llegada y si te la interceptan pierde el que la manda. Además, los buenos cocineros (los que saben fabricar la cocaína) están presos, muertos o fugados. Nadie quiere perder ahora", indicó la fuente.

Otro detalle que marca que el mercado de la venta de droga está decaído es que varios farmaceúticos comenzaron a notar un aumento en la cantidad de recetas truchas para comprar ansiolíticos derivados del clonazepam. "Algo parecido se vivió a principios de la década del 90, cuando el precio de la cocaína se disparó y la gente no tenía para comprar", explicó un comerciante del ramo.

Números y escenarios. ¿Cuánto es el precio del kilo de cocaína?, preguntó La Capital a distintas fuentes. "Un kilo de máxima pureza en Rosario estaría entre los 4.500 y 5 mil dólares. Después, el precio en la calle depende de su calidad. La droga al 15 por ciento, que es basura, puede salir unos 20 pesos el gramo; y la alita de mosca, que es más pura, puede rondar los 80 o 100 pesos. Pero eso también depende del momento y el lugar en la que se la compre".

Rosario es una ciudad con más de un millón de habitantes, portuaria, ubicada en el centro del país, con buenas rutas de acceso y controles de seguridad laxos o permeables. Durante los últimos 30 años se evidenció, por denuncias públicas y judiciales, que alguna parte de la policía provincial se autogestionaba colocando bajo su ala una serie de tributos surgidos del mercado ilegal. Lo que durante años se denominó la caja negra. Esa caja explotó a mediados de la década pasada con el desproporcionado crecimiento del mundo narco y su plata fácil.

"Lo que pasa es que la corrupción policial es la más visible. Pero los periodistas jamás se preguntan hasta dónde va la plata de lo ilegal", protestó un jefe policial retirado. "En el mundo de la droga hay tanta plata dando vueltas que tipos que eran históricamente de otros palos, como el robo automotor o el robo calificado, se terminaron volcando a la droga. Un palo más limpio, sin tantos riesgos si sabés a quien le tenés que poner la plata y que, hasta hace unos años, no era tan mal visto a nivel social. El choro es choro y se jacta de serlo. El transero accede a otros estatus", dijo.

Políticamente, y por la excusa que se quiera esgrimir, ese escenario de autogestión no pudo ser controlado, a tal punto que uno de los jefes de policía de la provincia fue detenido y procesado por el supuesto encubrimiento a un narco.

Con ese círculo claramente expuesto, ¿por qué no iba a haber un crecimiento desmedido de la droga? Y eso se cuenta a partir de los diálogos con protagonistas que fabularon, timaron, trataron de sacar ventajas, participaron en negociados. En resumen, todos mintieron en alguna parte. Muy poco de ese mundo puede contarse a partir de las investigaciones judiciales.

Atrás quedaron los viejos tiempos de los primeros pesos pesados. Tal el caso de Jorge Rubén Halford, el hombre que se atrevió en abril de 2011 y durante un juicio oral y público a denunciar que "en Rosario nadie vende drogas sin permiso de la policía"; o José Luis "Pepón" Salerno y sus socios José Luis Salazar y Sergio "Toroncho" Bonfiglio, actores de una causa archivada que incluyó la investigación de ocho policías, el robo de dos prontuarios de Jefatura y amenazas de muertes a la jueza Laura Inés Cosidoy. En esos tiempos la droga se compraba por delivery o en quioscos, gomerías, casas particulares o una verdulería. Lugares que no quedaban expuestos públicamente.

A partir de 2007, por marcar una fecha, aparecieron las cocinas, los búnkers fortificados y policías investigados por connivencia. La primera cocina desbaratada fue la de Roberto del Valle Padilla, conocido como "El Tuerto Boli", en 2008 y en Empalme Graneros. Actuaron efectivos de la Policía de Seguridad Aeroportuaria. Esa irrupción motivó que la policía de la provincia desbaratara otras 20 cocinas de menor cuantía acentuando una realidad que fue en aumento: las fuerzas de seguridad no compartían información y competían por los resultados estadísticos. Fue cuestión de tiempo hasta que en las investigaciones quedaran expuestos los lazos de policías con narcos y la protección a los búnkers para vender libremente. El final de la película sigue abierto.

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