Miércoles 09 de Marzo de 2011
Las potencias occidentales se equivocaron. Pensaron que en las tierras donde el islam es la religión dominante la democracia era impensable. Pueblos sometidos a férreas dictaduras, muchas veces apañadas por países poderosos ha demostrado, y lo continúan haciendo, que el grito de libertad cuando es genuino y nace espontáneo en el seno de una sociedad no puede ser reprimido. Hubo un desprecio de la intelectualidad europea hacia los pueblos del Medio Oriente con respecto a la fuerza o coraje cívico de los mismos. La libertad es un valor inherente al ser humano que responde al libre albedrío que anida en su ser. No existe religión o régimen político o socia que pueda impedir el desarrollo del ímpetu de pensar y actuar de acuerdo a convicciones personales. ¿Qué paso en Egipto luego de decenas de años de un sistema feudal donde la pobreza y miseria reinaron impunemente? Nadie puede explicar por qué un mártir que se suicido a lo bonzo, arrojándose nafta y prendiéndose fuego en Túnez fue el detonante que hizo explotar el polvorín que no estaba en el análisis político de ningún observador internacional. Las redes sociales, Internet y los celulares se constituyeron en verdaderos motores de la rebelión civil. Los tiempos en que los pueblos deciden romper con regímenes autoritarios, con déspotas que hacen un culto casi "divino" de su propia persona, no pueden ser fijados por potencia extranjera alguna que, con el argumento de "introducir" los beneficios de los sistemas democráticos, lo hacen a través de fuego y sangre. Las invasiones del ex presidente Bush son un ejemplo de tamaño despropósito.
Alejo Vercesi