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“La Lepra es lo que más extraño de Rosario”, contó un rojinegro en Montreal

A Pablo Grisen, la crisis económica de hace diez años lo obligó a buscar nuevos rumbos laborales en Montreal. “Pero sigo siendo de leproso, eso no se cambia nunca. Es lo que más extraño de Rosario después de mi familia”.

Viernes 17 de Octubre de 2014

A Pablo Grisen, la crisis económica de hace diez años lo obligó a buscar nuevos rumbos laborales en Montreal. “Pero sigo siendo de leproso, eso no se cambia nunca. Es lo que más extraño de Rosario después de mi familia”, se atajó antes de seguir contando por qué verá el clásico en Canadá y no en la ciudad.

“Sigo todos los partidos de Argentina que puedo por la computadora, y por supuesto todos los de la Lepra. El clásico no será la excepción: lo veré con Manuel, mi hijo de 7años. En ese momento no dejo que nadie me hable ni me llame por teléfono. Pero si estoy en Rosario por supuesto que voy a la cancha. La época en que nunca dejé de ir fue en la de Bielsa, cuando salimos campeones en la Bombonera, en el 91. Recuerdo haber ido también una vez a la cancha de Talleres en esos colectivos para hinchas de la Vieja Raquel. Siempre que pude fui a la cancha”, aclaró antes de contar que ese es un rito que comenzó a practicar con su abuelo Jaime, continuó con su papá y ahora les inculca a sus hijos.
“El más chiquito, Matías, de 3 años, aún no pisó el Coloso pero ya lo llevaré: no hay ninguna posibilidad de que mis hijos no sean leprosos”, sentenció. 

Pablo contó cómo se vive el fútbol de Montreal. Lo pintó de “aburrido” en comparación al que se vive en la ciudad. “Acá el nivel no es bueno, no hay folclore ni pasión como la de Rosario. Imaginate: acá ir a la cancha es como ir al teatro”, y tal vez por eso pocos entienden allá por qué cuelga de su balcón una bandera rojinegra.
“Acá no soy simpatizante de nadie: con decirte que mi hijo practica futbol y va a las prácticas con la camiseta de Ñuls”. Confesó que cuando Newell’s pierde el mal humor le dura varios días. “Cuando era chico, si perdíamos al otro día no iba a la escuela. Pero si ganábamos, me gustaba mucho gozar a los canallas”, dijo Pablo.

Para él, el clásico goza de una lógica propia, por eso gambetea a los análisis previos al domingo. “Para mí son partidos puramente pasionales: algo así como el gol gana, algo que se decide en una jugada, en un minuto de suerte”. De todos modos arriesgó un resultado: “Ganamos, tal vez por poca diferencia, un 1 a 0 quizás, pero ganamos”.

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