Martes 04 de Mayo de 2010
Allá por 1985, hablando sobre la deuda externa de América latina, Fidel Castro decía que la nuestra y la de los demás países latinoamericanos eran impagables; deuda que por esos años ascendía a 360.000 millones de dólares. El problema es político, no sólo técnico-financiero, se ha dicho. "Correcto, es político, pero empieza ya a ser revolucionario", decía Fidel. Considerando que gran parte de esa deuda es ilegítima y fraudulenta tal como lo afirmara la Federación Argentina de Colegios de Abogados y el doctor Alejandro Olmos en su investigación sobre el tema, se impone un amplio debate jurídico-económico en el Congreso nacional. Los países deudores, se ha dicho, pagaron por intereses sumas que superan varias veces las deudas originales. Si en nuestro país el 72 por ciento de los jubilados hoy cobran $895, siendo el promedio del sistema $1.100, con lo cual ni de lejos se cubre la canasta básica alimentaria, no estaría mal y sería justo pagar primero la "deuda interna" de pobreza, marginalidad y hambre, y luego la externa acreditada que sea su legitimidad. Al ser esta enorme deuda la mayor herramienta de dominación que ayer y hoy tiene el poder financiero, deuda que cuanto más se paga más se debe, al decir de Olmos, bien se impone tratar a fondo en el Congreso cuanto a ella respecta. Se precisa realismo, patriotismo y decisión política para debatir y acreditar su legitimidad, máxime si tenemos presente que se trata de mucho miles de millones de dólares e involucra a varias generaciones. Pagar lo que se debe será justo; no así lo ya pagado o fraudulento. Pregunto: ¿por qué se oculta tanta información sobre este tema?
Roberto J. Torres, DNI 6.037.069