El desembarco de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner fue ayer tema
excluyente en las veredas de villa La Lata, un barrio en el que el plan Rosario Hábitat dejó su
huella y que amaneció empapelado por afiches que rezaban "Kirchner 2009-2011".
Algunos vecinos no creían que la presidenta estará hoy en el barrio y otros
respondieron con indiferencia
Claro que tras los comentarios sobre la visita oficial venían inevitablemente
las opiniones sobre las reformas realizadas en el barrio a través del Programa Rosario Hábitat, con
el que algunos quedaron más contentos que otros. Por unanimidad, la apertura de las calles fue una
de las obras más aplaudidas. Todo eso mientras los empleados municipales ponían el marcha el armado
del escenario y definían los detalles del acto que se realizará hoy en la esquina de Amenábar y
Corrientes.
La Capital recorrió el barrio a 24 horas de la llegada de la presidenta.
Mientras había vecinos que desde temprano sabían del acto que se hará hoy a metros de sus casas y
lo comentaban en la vereda, otros no entendían. "¿Qué va venir a hacer Cristina acá?", decían.
Las preguntas seguían sonando en la calle, a veces a media voz. "¿En lugar de
venir acá, por qué no va donde la gente quedó tirada después de la tormenta porque no tiene nada",
se escuchó.
La historia. La Lata, aunque otros defienden su denominación de Villa Corrientes, ocupó
por décadas nueve manzanas del macrocentro y era hasta el inicio del plan Hábitat uno de los
asentamientos más poblados, con más de 4.500 habitantes. Ya desde entonces casi no había casas de
chapa, muchos tenían agua potable y cloacas. Para algunos vecinos, "fue y es una villa muy mal
nombrada".
Hasta allí llegará hoy la presidenta de la Nación. "Yo no creo que venga",
comentaba Carmen, una vecina del pasaje 303 que desde la puerta de su casa charlaba con Guillermo.
"A mí que venga o no me da lo mismo, me es indiferente", dijo el hombre.
Eso sí, cuando supieron que encabezará la entrega simbólica de documentación a
vecinos beneficiados por el plan de erradicación de villas, Guillermo no dudó en comentar las
mejoras en el barrio. "Eso hay que agradecerlo, porque mejoró en todo, sobre todo la seguridad, con
la apertura de las calles", opinó.
Sin embargo, no todos estaban tan contentos ni con la visita oficial ni con las
reformas en sus casas. "¿Qué querés que te cuente, que me reventaron la casa y ahora me la tengo
que terminar yo?", disparó con enojo un hombre.
Lavado de cara. "Esto de las obras en el barrio es una fachada, le limpiaron la cara a las
calles principales y nada más. Por fuera, sobre todo en Corrientes y Paraguay, está todo bien. Pero
si te metés en los pasillos, está todo igual que antes, esto sigue siendo una villa", comentó
Cristian, que intentaba zafar del calor debajo de un árbol.
En su casa, como en muchas otras, les hicieron un baño. "Eso estuvo bien, porque
tengo un hermano con problemas de salud, pero el resto, nada", acotó el hombre de 30 años.
A Mirta, que desde hace 55 años vive en una casa de pasillo sobre Amenábar, el
arreglo del baño fue más un problema que una solución. "Me dijeron que me lo hacían nuevo, pero me
lo dejaron peor que antes. Sólo pusieron un inodoro nuevo y creo que era mejor el que tenía", contó
la mujer.
Una situación similar relató Alberto, quien mostró el baño de la casa de su mamá
en Corrientes y Amenábar. "Los azulejos se los pusimos nosotros, ya tiene rajaduras y para que le
pusieran una puerta hubo que rogarles", recordó.
Preparativos. En el mediodía de ayer comenzaron sobre Corrientes los preparativos para el acto.
Mientras cortaron la calle y los chicos aprovecharon para improvisar un fulbito, empleados
municipales estudiaban en la esquina de Amenábar la disposición de la tarima donde estarán la
presidenta, el gobernador Hermes Binner y el intendente Miguel Lifschitz.
Enfrente, la familia de Graciela cocinaba en una improvisada parrilla sobre la
vereda. "Con todo esto, mi casa salió perdiendo. No sé a qué viene la presidenta, porque es todo
política y a nosotros no nos dieron nada", aseguró la mujer y agregó: "Me sacaron parte del terreno
para hacerle arreglos al vecino y al final nunca nos hicieron ni el baño ni la pieza que nos
prometieron, y ni lugar para cocinar hay".
A pocos metros Julio, un desocupado, se quejó de que "(los políticos) son todos
iguales, porque trabajo no hay y los pobres están siempre igual".
José y Josefa, quienes también buscaban fresco en la vereda, dejaron en claro:
"Acá a Cristina no la queremos. Si antes se estaba mal, ahora estamos mucho peor".
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