La isla Utopía
Resulta difícil, por no decir imposible, hoy por hoy lagrimear de emoción y alegría frente a un periódico, luego de leer noticias, negativas, tristes y olvidables, manchadas en su mayoría por una tendencia espuria, egoísta y cruelmente personalista...

Jueves 03 de Julio de 2014

Resulta difícil, por no decir imposible, hoy por hoy lagrimear de emoción y alegría frente a un periódico, luego de leer noticias, negativas, tristes y olvidables, manchadas en su mayoría por una tendencia espuria, egoísta y cruelmente personalista, que desnaturalizan al individuo como humano. Con un trasfondo sobre el que descaradamente sus actores no acusan arrepentimiento ni vergüenza alguna. El domingo 29 de junio no pudimos evitar por suerte, cosa que nos recuerda que aún somos personas, llenar nuestros ojos de lágrimas por la satisfacción al leer la noticia de que dos padres de nuestra ciudad ante el inconveniente de no poder concebir habían adoptado un niño. Actitud que al margen de lo especial de la noticia, debería ser sin falso orgullo y con verdadero desinteresado amor, la que imiten todos aquellos impedidos de generar hijos biológicos. Pero aquí el refuerzo emocional de la noticia estaba potenciado dado que el niño adoptado padece una disminución en sus funciones vitales afectado por el síndrome de Down, sumado a otros problemas de salud de pronóstico severo. Silvana y Gabriel declararon: "No elegimos el síndrome, elegimos al niño".Cuántos valientes de la boca para afuera estamos hoy preparados para hacernos cargo, o comprar un problema, esperando con el tiempo y la dedicación, canjearlo sólo por amor; muy pocos. El amor puro, sano y sin interés, el que compromete y obliga, no da dividendos en la Bolsa de Comercio de la vergüenza, ni tampoco cotiza en esta realidad donde la idea es ser famoso a costa de cualquier gansada. Tomás Moro, un idealista del siglo XV, en el año 1516 publicó un libro basado en la idea de una isla donde habitaba una comunidad ficticia cuya organización, solidaridad, cultura, política y economía, contrastaban rotundamente con todas las sociedades humanas. Íntimamente relacionada con el deseo de dar un sentido superior a la vida y alcanzar la felicidad, ideando un mundo solidario y justo. Gracias Silvana y Gabriel por permitirnos, aunque sea por un día, hacernos la ilusión de que vivíamos en la isla que pensó Tomas Moro y a la que llamó Utopía.

Norberto Ivaldi