Martes 08 de Marzo de 2011
La especie humana inmersa en la diaria lucha por su sobrevivencia no respeta, no agradece, no interpreta todo lo que la naturaleza nos da pidiendo tan poco a cambio. Los países que representan a la totalidad de la raza humana se escudan en el consumismo, el desarrollo tecnológico, el afán de lucro, las necesidades de defensa territorial para no brindar un cambio de conducta que evite a la naturaleza las depredaciones, rupturas de ecosistemas, invasiones gaseosas y ataques con sustancias químicas que envenenan la tierra o perforan la estratósfera. La naturaleza es como Dios: no podemos imaginarla físicamente pero nos cobijamos sin pudor en todo lugar y momento. Pero cuando la irritamos puede ser absolutamente letal. Y se siente irritada cuando depredamos naturaleza pura como la tierra, espacio celeste, atmósfera, aire, agua, montañas, volcanes, selvas, océanos, arenas. No olvidemos que la raza humana y las especies animales o vegetales cumplen inexorablemente su ciclo de vida para morir en el momento indicado. La naturaleza, en cambio, durará toda la eternidad. La sometemos de manera cruel pero igualmente subsistirá con toda su fortaleza (recordemos que la hierba aplastada debajo del cemento resurge nuevamente a través de cualquier fisura o intersticio) proporcionándonos oxígeno para respirar, agua para cubrir necesidades vitales, espacio donde morar dentro del planeta, alimentos extraídos desde la tierra. La enseñanza básica es: no podemos existir fuera del planeta y no podemos existir sin una naturaleza que nos proteja. La naturaleza puede existir sin nosotros y de hecho lo hace. Esta inmensa diferencia debiera ser suficiente para convencernos que jamás debemos proceder de forma egoista contra ella.
Rubén Mario Baremberg, DNI. 6.012.531