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La intérprete Concha Buika definió su estilo de canto "como un arma de construcción"

La intérprete de palma de mallorca habla de rosario, de fito páez y de su legado artístico. Hoy se presenta a las 21.30 en el teatro El Círculo.

Sábado 10 de Mayo de 2014

P arece una mujer fatal pero es familiera y se llena la boca por el amor a su mamá. Se tatúa como una chica moderna y anda con aire despreocupado, pero afirma que cantar es una misión, y se queja porque

   Concha Buika nació en Palma de Mallorca, es hija de padres africanos y reside en Miami Beach. Con ese cruce de culturas también lanzó un disco ecléctico “La noche más larga”, en el que va de Jacques Brel a Fito Páez y de Roque Narvaja a Billie Holliday. Explosiva, divertida, intensa, simplemente es un bálsamo dialogar con esta artista, que se presenta hoy, a las 21.30, en el teatro El Círculo (Mendoza y Laprida). Pero, claro, mucho más placentero es escucharla cantar.

   —¿Qué recordás de Rosario, ya que cuando alguien como vos viaja tanto por el mundo debe ser difícil que te queden registros de cada ciudad a las que vas a cantar?

   —Bueno, yo utilizo el truco de hacer fotos, entonces también tengo fotografías de Rosario, pero recuerdo emociones más que nada, porque son viajes muy rápidos y muy fugaces, de 24 o 48 horas, en las que ves mucho hotel, muchos compañeros, pero no ves la ciudad o el lugar. Pero sí te quedas con la sensación que te transmiten.

   —En esta ciudad nació Fito Páez, el autor de “Yo vengo a ofrecer mi corazón”, una canción importante en tu nuevo disco “La noche más larga”.

   —Sí, Fito, lo sabía, tiene que tener ese agua y esa tierra, algo de allí.

   —¿Tu universo estético es tan vasto como la variedad de autores y estilos de tu último disco?

   —Creo que es tan pequeño que cabe en todos los sitios (risas). Mira, yo tengo una teoría, que es que la piedras pequeñas llegan mucho más lejos que los grandes pedazos de muro, ¿sabés? Los grandes muros parecen imponentes, pero se necesita demasiado para moverlos, en cambio una piedra chiquitita se te engancha al zapato y viaja contigo. Cuando se cansa se queda en otro camino, se engancha a otro y sigue viajando, creo que mi música es así y creo que así soy yo también, me cuesta poco estar dentro de las personas.

   —¿Te resulta fácil entrar en el mundo de tu público, aunque sea con una sola canción?

   —Una nota, una nota libre, no creo en las melodías, no creo en las hileras de notas que supuestamente tienen que significar algo. Yo creo en una nota que es capaz de transformarse en lo que haga falta pa’ conseguir tus anhelos. Esa nota se mete en las personas, sino yo personalmente, ¿no? Pero esa nota sí se mete en las personas y va a las habitaciones del pánico, se mete en el corazón, en el estómago, en los testículos, y va para la boca, para la cabeza, sí, sí, es una nota libre, una nota libre (repite).

   —Esta sensación es palpable en “La nave del olvido”, ¿qué te pasó por el alma o por donde quieras cuando decidiste grabarla?

   —Ay, muchas cosas, porque esta canción mi mamá se la ponía pa’ esconderse pa’ llorar, sí, porque, tú sabes, estas mujeres, bien fuertes, no quieren llorar delante de sus hijos, les pase lo que les pase, ¿sabés? sí, y papá marchó, y marchó de una manera muy cobarde, y mamá no quería llorar, entonces se ponía canciones, y películas, y lloraba. Y decía “uy que canción más bonita”, y era mentira, lo que pasa es que a ella se le rompía el corazón con la letra y lloraba.

   —“Los solos” también aborda tu mundo privado, principalmente tus afectos y tus amores.

   —En realidad esta canción la escribí para celebrar el verdadero amor, porque el verdadero amor se vive en soledad. Y creo que no es una historia personal mía, es de todos. Por eso digo que los que más amamos somos los que estamos solos, porque en realidad nos pasamos la vida amando en soledad, en tiempo real. Tú, ahora, por ejemplo, ¿las personas que te aman en dónde están, están ahí contigo?

   —Y no, ahora no.

   — Bueno, yo siento por ejemplo que cuando me levanto por la mañana, ¿dónde está la persona que amo? Mi mamá, por ejemplo, en otro país, levantándose o yéndose a dormir, vaya uno a saber, amándome también en tiempo real pero en otro lugar. ¿Dónde está mi hijo ahora? Yo estoy amando con locura a mi hijo ahora mismo, pero estoy en la habitación de un hotel y él está en otro país, amándome en otro lugar, a lo mejor desde la cancha de baloncesto jugando. Eso es lo que yo estoy en cierta manera celebrando y llorando con esta canción, y es que en realidad los que más amamos somos los que estamos constantemente solos, es una realidad, no es un lamento, es celebración de una realidad, que es un poco triste, pero es muy bonita.

   —¿Qué te llevó a cantar “Yo vengo a ofrecer mi corazón”?

   —Yo te aseguro que el día que este grandísimo genio estaba componiendo esta canción creo que estaba conectado con el amor de todos. Esa canción no es que yo la escogiera, es que se escogió a sí misma. Yo miraba el telediario (un noticiero) y la tónica general era que no nos importábamos, que daba igual lo que le pasara a los demás, que éramos unos egoístas, que el mundo no nos importaba, y ¡no es verdad! Encuentro que no es cierto, es verdad que vimos imágenes de guerra en ese telediario, cosas horribles, ahora mismo vi que secuestraron a 200 y pico de niñas, 300 niñas en Nigeria, las están violando todos los días, si se niegan las degüellan, claro, te ponen estas noticias y te las tiran como bofetadas en la cara, como queriéndote decir “tú podrías hacer algo y no estás haciendo nada”. Es una barbaridad lo que nos hacen, con todo lo que nos obligan a trabajar y todo lo que nos obligan a pagar, es una barbaridad que al final del día, con lo largo y lo duro que ha sido, que nos sienten a darnos bofetadas de esta manera.

   —Por un lado se dice que el artista tiene que hacer canciones testimoniales para reflejar el sentir de la gente, y otros dicen que con tantos problemas sociales la música tiene que entretener y nada más. ¿Cuál es tu reflexión al respecto de esta dicotomía?

   —Yo creo que estamos siempre dándole vueltas a lo mismo, siento que las personas que tienen una palabra que se va a escuchar para muchos lugares y para muchas gentes a esa pequeña responsabilidad sí la tienen que tener, sí la tenemos que tener. Simplemente porque lo que yo hago, al igual que lo que tú haces, es una misión, no es una elección.

   —¿Podés ampliar esta idea?

   —Es que si despierta en la cabeza la luz de que puedes operar corazones, chico, tú no te puedes plantear si te apetece o no. Es que tienes que hacerlo e ir donde te necesiten. Yo siento que mi función y mi trabajo, por misión, ya ni siquiera por elección, es cantar y contar lo que veo, lo que oigo, lo que siento y lo que digo, porque tenemos que dejar un legado, no podemos olvidar que el arte es la única religión que tiene el ser humano que une a todos, y que a todos nos va a hacer dar un pasito hacia adelante y siempre para seguir. Yo creo que es muy bonito reconocerlo y luchar por ello también, entretenimiento creo que también, no todas las canciones hablan de lo mismo, pero está bien dedicarle un temita a recordarnos que estamos acá, que nos caemos bien, que nos gustamos mucho, que nos queremos y que no hace falta que nos vendan mucha propaganda, también está muy bien.

   —¿Cuando cantás algo desgarrador, se puede sentir placer igual?

   —Recordemos que cantar es una celebración se cante lo que se cante (risas). Por otra parte, yo sé desde dónde canto y siempre canto desde mi alegría, yo tengo el cante como un arma de construcción masiva, pero jamás sabré desde dónde me escuchas y no puedo hacerme responsable de lo que sientes cuando me oyes. Cada uno escucha desde sus habitaciones, las habitaciones del amor, del odio, del pánico, de la duda, de la ira, de la alegría, pero eso es responsabilidad de cada uno. ¿Me entiendes?

   —¿Tus canciones también sirven para reafirmar los valores y la identidad, en tiempos de una insistente invasión cultural del modelo norteamericano?

   —Yo siento que el sentir de lo que nos pasa pertenece a nuestra propia historia. No importa dónde nazcas, no importa por dónde camines, lo que he aprendido en estos últimos ocho años de dar la vuelta al mundo es que encuentro siempre lo mismo, vaya adonde vaya, y son personas luchando por sobrevivir. Es una identidad metida en todos, y lo estamos compartiendo, y no somos tan diferentes, y no estamos tan separados, lo que nos separa son los miedos de otros, siempre los miedos de otros, ¿quienes son los otros?, pues no sé, aquellos, ¿nosotros dónde estamos siempre papi? Currando, digamos la verdad.

   —Currando para ustedes es trabajando, pero aquí es lo opuesto.

   —Sí, trabajando todo el puñetero día como animales. Es lo único que hacemos, trabajando, y para un ratito de una cerveza, para un ratito de estar con la familia. Y encima tenés que darle gracias a Dios que podés llevar una cerveza a tu mesa. Es que nos exigen demasiado, te dicen: “Pensa en los que se mueren de hambre, piensa en las personas que están siendo torturadas, piensa en...” Coño, dejadme en paz, a ver felicidad, libertad, identidad, ¿no es demasiado peso ya toda esta mierda que me estás metiendo en las espalda? ¿Yo pa’ qué necesito todo eso? Nací y me dijeron que lo necesitaba y ahora tengo que estar luchando toda la vida por estas puñeteras palabras, y es que encima nadie me sabe explicar qué son, (risas) es muy difícil, papi, es muy difícil (risas).

   —¿Cuesta mucho transitar la vida tratando de defender esos valores todos los días en tu rol de artista?

   —Claro, sin tener forma ninguna, la felicidad, la libertad, la identidad. Son multiformes y mutantes las hijas de puta, toda la vida de traje y cuando crees que las has encontrado eran otra cosa, no, no, no, eso fue un mal truco, yo quería de blanco, como dicen en mi pueblo (risas).

   —Bueno, me encantaría seguir hablando, pero sé que no tenés mucho más tiempo...

   —Mira, cómo es la vida, papi, el tiempo ¿quién se lo ha inventado? ¿No fuimos nosotros? Y ya lo padecemos, es la leche esta (risas).

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