Miércoles 02 de Septiembre de 2015
La disposición papal sobre el perdón a las mujeres que han debido abortar alcanzó rápido y profuso eco mundial. Sin embargo, no debería sorprender ya que la intención de Jorge Bergoglio es siempre la misma: acercar la Iglesia a los fieles, convertirla en “un hospital de campaña tras una batalla” abriéndose a “heridos”, como los divorciados vueltos a casar, los homosexuales y las mujeres que abortaron, tal como dijo a fines de julio de 2013 en el vuelo de regreso de la Jornada Mundial de la Juventud celebrada en Brasil, con tan recordado “¿Quién soy yo para juzgarlo?”, refiriéndose a los homosexuales que observan la religión, causando un sonoro revuelo tanto entre los fieles como en los críticos al catolicismo.
En septiembre de 2013, en mismo año que fue elegido Papa, Jorge Bergoglio intentó ir más allá de la cuestión, adelantando ya la decisión dada a conocer ayer. “No podemos seguir insistiendo sólo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticonceptivos. Tenemos que encontrar un nuevo equilibrio, porque de otra manera el edificio moral de la Iglesia corre el peligro de caer como un castillo de naipes”, afirmó en una entrevista que dio a la revista jesuita Civiltà Cattolica.
En ese mismo contexto sostuvo que “el confesionario no es una sala de tortura, sino aquel lugar de misericordia en el que el Señor nos empuja a hacer lo mejor que podamos”.
Jorge Bergoglio exteriorizaba tales convencimientos ya desde su época de obispo, cuando viajaba en subte y recorría villas miseria junto a los curas de esas parroquias, como el padre José María “Pepe” Di Paola.
Vida que fue reflejada en “El jesuita: Conversaciones con el cardenal Jorge Bergoglio” un libro biográfico escrito por los periodistas Sergio Rubin y Francesca Ambrogetti en 2010.
Esa política compasiva le valió una férrea oposición de la curia tradicionalista, que lo criticó por su “falta de coherencia” respecto a preceptos sagrados, conflicto que se generó no tanto en los dichos del Papa sino en las interpretaciones sobre ellos.
La palabra rectora del Papa establece derroteros en la profesión de la Fe; es en el terreno de las interpretaciones donde estallan los enfrentamientos entre las distintas corrientes del catolicismo, algunas de las cuales aún no se acostumbran al tono campechano y, sobre todo, franco del pontífice, empeñado en llamar a las cosas por su nombre.
El paso de una Iglesia admonitoria y castigadora a otra misericordiosa no fueron fáciles en estos dos años de papado de Francisco. Pero ha sido francamente espectacular, decenas de miles de fieles en todo el mundo han retornado a la práctica del catolicismo, las parroquias recobraron ingerencia en sus comunidades y millones de laicos y de quienes no profesan religión ven al Papa como un referente moral que sigue sorprendiendo con “noticias antiguas”, los argumentos contenidos en el Evangelio.