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La impunidad y el descontrol permiten tapar la ciudad con cuatro colores

Grupos de hinchas de Central y Newell’s invaden espacios públicos y privados en un enfrentamiento que no tiene límites. El "operativo pintada" incluyó intercambio de balazos.

Domingo 13 de Enero de 2013

   Para el que quiere ver de qué se trata eso de las redes, sólo basta ingresar en internet y ver, por ejemplo, la dirección www.youtube.com/watch?v=qBgE603C—rU. Ese video fue subido el 30 de agosto de 2011 y exhibe una docena de quema de pintadas, en este caso de hinchas de Central hacia sus rivales de Newell’s. Seguramente de parte de las dos hinchadas habrá argumentos para explicar la razón de la sinrazón. Lo concreto es que ya no es inusual escuchar de boca de los integrantes de células de pintores (algunos de los cuales surcan las calles de madrugada con mamelucos blancos y sus equipos de trabajo) que alguna de las incursiones en el “operativo pintada” incluyó un intercambio de balazos. La sensación es que, ante el incremento de la intolerancia social y la anomia que sufre la ciudad, esto no va a terminar bien.

Los orígenes. Pintadas hubo siempre y fueron motivo de orgullo para muchos vecinos de los barrios rosarinos. Eran los tiempos en los que la “batalla de las brochas” se libraba sobre el espacio público y el que sufría era el Estado municipal. Un fenómeno muy local, tanto que no se visualiza en otras ciudades donde también es fuerte la rivalidad de dos equipos. Por citar ejemplos, Santa Fe (Colón y Unión), o La Plata (Estudiantes y Gimnasia).

   Desde que los canallas descendieron al Nacional B el conflicto parece haber ingresado en una espiral de violencia que no augura un buen final. Los hinchas leprosos ven el origen de “la guerra” el 3 de marzo de 2010 cuando una decena de hinchas rojinegros fueron llevados a la seccional 27ª cuando pintaban el puente de ingreso a Arroyo Seco sobre la autopista. Aseguran que, una vez liberados, las viviendas de tres de esos hinchas fueron atacadas a balazos.

   Del otro lado, los canallas ven la génesis dos o tres años antes. A mediados de septiembre de 2007 la escultura de bronce de Alberto Olmedo, ubicada en Rivadavia y Pueyrredón, amaneció pintada de rojo y negro. Y en febrero de 2008 el mural homenaje a Roberto Fontanarrosa de avenida Alberdi al 100 bis, obra de El Noke, apareció arruinado con pintadas alusivas a Newell’s. A partir de ese momento no hubo más códigos de convivencia y distintas batallas llegaron hasta el parque Independencia y Arroyito. Solo hubo pactos puntuales en algunos barrios. Si bien no fueron denunciados, durante 2011 hinchas canallas arrojaron una bomba incendiaria en una cancha de césped sintético del parque y los leprosos utilizaron el mismo método contra la pileta ubicada al lado del Gigante. Pero como la lona es ignífuga, no hubo incendio. Y como no hubo fuego no hubo denuncia.

   “¿Y la policía qué hace?”, preguntó un vecino de las inmediaciones del cruce Alberdi, uno de los objetivos dañados en la última escalada de violencia. “La policía no puede hacer nada si no hay denuncia o si los pintores no son sorprendidos cuando están en delito flagrante. En el caso de que se pueda individualizar y detener a los pintores, se los remite a la comisaría, se analiza si tiene antecedentes y si no lo tiene se le abre una causa por daño. Esto por lo general queda en manos de un Tribunal de Faltas. Si no tiene antecedentes, a las pocas horas se va a su casa. La inmensa mayoría de los detenidos haciendo pintadas, por no decirte todos, no tienen antecedentes y son de clase media. Otro dato: no pasa una hora que en la comisaría tenés un abogado que empieza a presionar para sacarlo. ¿Quién les paga? ¿cómo se enteran tan rápido?”, relató una fuente policial.

Por las dudas. Como ejemplo de lo que implica para la policía este momento de tensión, el oficial que habló con este diario relató que el miércoles por la tarde un grupo de hinchas de Newell’s se manifestaron en la sede del club, en el parque Independencia, reclamando por la presencia de hinchas visitantes en los próximos clásicos. Ante la posibilidad de que los simpatizantes leprosos peregrinaran hacia la sede de Central, en el centro de la ciudad, la policía debió organizar sobre la marcha un operativo de seguridad que incluyó unos 200 efectivos y el vallado preventivo de buena parte de Mitre al 900. “La pregunta que habría que hacerse es ¿esos policías extras que se afectaron, de dónde salieron? De otras barrios de Rosario que quedaron desprotegidos mientras los vecinos reclaman seguridad”, respondió.

   “Pero acá nos tenemos que sincerar. A fines de diciembre desde la seccional 2ª hicieron una consulta a un juzgado de Faltas por una pegatina de afiches en la zona céntrica. Era una cargada de los de Newell’s a los de Central. ¿Vos sabés cuánta plata cuesta un afiche? ¿sabés que un afiche no lo puede hacer cualquiera? ¿que no se imprime en cualquier lado? Desde el juzgado respondieron que no les interesaba y que le remitieran la inquietud a la Municipalidad. Me parece que todos nos tenemos que sincerar para que esto se corte”, reflexionó el policía.

“Una madrugada te despertás porque escuchaste un golpe en el portón. Lo primero que pensás es que te entraron a robar, pero cuando salís de tu habitación te encontrás con un humo denso. Es como si tuvieras un piquete en el living. Pensás que tus hijos están durmiendo y que se pueden ahogar con el humo. Folklore siempre hubo, pero esto ya se descarriló”. La dura experiencia la contó una de las tantas víctimas que se ha cobrado “la guerra de las pintadas” entre hinchas de Newell’s y de Central, una disputa sin sentido que ha ido creciendo en los últimos tiempos sin ningún tipo de respeto por los espacios públicos ni privados, que cómo límite sólo parece encontrar la pintada del rival sobre la propia y que tiene resultados y alcances impredecibles.

   En los últimos dos meses se documentaron en la policía y la Justicia nueve incidentes enmarcados en la confrontación de hinchas canallas y leprosos en las calles rosarinas (ver aparte). En ninguno de esos casos, afortunadamente, hubo confrontación física. Seis hechos fueron pintadas en la vía pública y los últimos tres casos fueron caratulados como de autores no individualizados (NN). El 6 de enero la subsede que Rosario Central tiene en el cruce Alberdi, a metros de la comisaría 7ª, resultó con su frente dañado por la quema de cubiertas y una inscripción: “Sin visitantes no hay clásico. Cagón. NOB manda”. El martes pasado fue el turno de la subsede auriazul de Oroño 49 bis. Dos portones de Británica fueron afectados por la quema de cubiertas apoyadas en el frente. La frase “Sin «A», no hay clásico” quedó retratada con pintura en aerosol.

   Este último incidente ocurrió pocas horas antes de que en la sede de Gobernación se reunieran funcionarios de la cartera de Seguridad de la provincia, el jefe de policía de Santa Fe y el jefe de la Unidad Regional II con dirigentes de Newell’s y Central para delinear las ediciones de los clásicos que se llevarán a cabo el 20 y 27 de enero. De acuerdo a lo confiado por investigadores de los últimos incidentes, el miércoles por la noche el presidente de Newell’s, Guillermo Lorente, anotició a la policía que en el frente de su casa había aparecido una pintada del mismo tenor que la hecha en Británica: “Sin «A», no hay clásico”. Y hace tres días, una coqueta casa ubicada en la esquina de Tucumán y Presidente Roca, también amaneció con su frente dañado. A las 4 de la mañana quemaron una pintada de Newell’s en un hecho que no había sido denunciado hasta ayer en la comisaría 3ª.

De la calle a la red. Rosario es Central. Rosario es Newell’s. Rosario es el folklore que generan esas dos usinas. Así fue siempre. Folklore hubo, hay y habrá. Y seguramente estará por sobre los 4 millones de pesos anuales que invierte la Municipalidad de Rosario para reparar el mobiliario público dañado (que paga no sólo el que rompe o el que pinta, sino cada vecino de la ciudad) o los “más de 500 puntos críticos” marcados en el mapa que produjo la ONG “Asociación Amigos del Parque Independencia” y que en noviembre fue entregado a funcionarios del Concejo Deliberante y la Secretaría de Servicios Públicos del municipio. El problema es el círculo vicioso que se generó sobre la denominada “guerra de las pintadas”. Y una pauta del clima que se vive es que ninguno de los consultados para la redacción de este informe, no menos de una decena de personas, quisieron salir con sus nombres y apellidos.

   Así, lo que comenzó con el “vamos a pintar la ciudad”, degeneró hasta llegar a la quema de las pintadas con cubiertas y bombas molotov. Simple y sencillo. Dos o tres cubiertas sobre el mural, un par de botellas con combustible y chau pintada. Cada una de esas incursiones es documentada mediante fotos o filmaciones caseras que luego son colgadas en las redes sociales. Así, sus protagonistas ganan cinco minutos de fama en el carnaval del folklore futbolero y el conflicto se retroalimenta.

   “Mucho tienen que ver las redes sociales. Porque ahora cada cosa que hacen las cuelgan en Facebook o en Youtube y así comienzan a bardearse (buscar pelea) todo el tiempo. Porque muchos tienen sus perfiles de Facebook abiertos para que vean lo que hacen. Es un vandalismo de clase media. Porque no son los barras bravas los que salen a pintar. Son pibes correctos de día que salen de madrugada y se transforman de Doctor Jekyll a Mr. Hyde. Pibes que están fanatizados hasta el fundamentalismo y que se ven seducidos por el espíritu del barra. Pero barras no son. Ese puede ser otro problema porque no saben a la violencia que se pueden enfrentar”, explicó una madre conocedora de la problemática.

La saga de los últimos dos meses

Fuentes policiales confirmaron a La Capital que desde noviembre pasado se denunciaron 9 hechos enmarcados en la guerra de las pintadas y que en la mayoría de esos hechos hubo detenidos.
   La serie arrancó el 2 de noviembre cuando cuatro hinchas de Central, de 20 a 26 años, fueron detenidos en Lima y 3 de Febrero acusados de realizar pintadas en barrio Azcuénaga. Se los acusó de daño y tomó intervención el juzgado Correccional 8ª. Tres semanas después, en bulevar Seguí y San Martín, nueve simpatizantes leprosos de entre 18 y 37 años fueron llevados a la comisaría 16ª y puestos a disposición del juzgado de Faltas 2ª por dañar las columnas de alumbrado público. El 12 de diciembre tres canallas fueron detenidos en la comisaría 24ª a disposición del juzgado de Instrucción 4ª acusados de “daño agravado” por pintar en San Martín y Moreno de Granadero Baigorria. Cuatro días más tarde un hincha de Newell’s fue detenido en 21 de Septiembre y Colón de esa misma localidad acusado de “daño” por pintar el frente de una casa, por lo que quedó a disposición del juzgado de Instrucción 15ª. El 27 de diciembre, en tanto, siete hinchas de Central fueron detenidos por pintar en jurisdicción de la subcomisaría 22ª, en la zona oeste de la ciudad y fueron puestos a disposición de Faltas 2ª. En estos últimos cuatro casos ninguno de los detenidos tenía prontuario. Los dos últimos hechos tuvieron lugar en las sub sedes de Rosario Central. En el Cruce Alberdi el 6 de enero y en Británica la madrugada del viernes. Los dos casos están caratulados como “daños” con imputados no individualizados. Aunque sobre el ataque del Día de Reyes algunas fotos fueron subidas a una página partidaria rojinegra. Sobre el ataque a Británica, fuentes allegadas a la causa indicaron que “no hubo ningún llamado al 911 y nos anoticiamos de lo ocurrido porque dirigentes de Rosario Central realizaron la denuncia de lo que ocurrió. Se están analizando filmaciones de los edificios linderos para ver si surge algo”, explicó el vocero consultado. Tras ello se supo de la pintada en la casa de Guillermo Lorente, el presidente de Newell’s.

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