Lunes 28 de Julio de 2014
Hace 2.000 años, en la corrupta y sangrienta Roma, el filósofo Lucio Anneo Séneca escribía lo siguiente: “Ninguna cosa es tan propia del hombre como aquella en que no hay útil considerable para quien se la quita. En tu cuerpo hay muy corta materia para robos; pues nadie, o por lo menos pocos, derraman la sangre humana por sólo derramarla. El ladrón deja pasar al desnudo pasajero, y para el pobre aún en los caminos sitiados hay seguridad”. Increíblemente, en la Argentina de hoy, supuestamente sujeta a las leyes y al derecho, lo antedicho que acontecía en Roma, ha quedado ridiculizado. Porque en la actualidad, en nuestras tierras, el pobre le roba al pobre, sin importarle la semejanza que existe entre ambos, natural, social o económicamente. Es tan grande la desigualdad social y el descarrilamiento existente que ya ni el mismo pobre encuentra un lugar para estar o transitar tranquilamente. Y el gobierno sigue sin poner freno a esto, sin asumir su responsabilidad de educar al pobre para que viva su pobreza con dignidad, sin lastimarse ni dañar a los demás; o de intentar, por lo menos, educarlo por todos los medios, principalmente con el ejemplo (¡oh, vana ilusión!). Ante esta situación, conviene reflexionar sobre las palabras del mismo Séneca, quien, respecto a la responsabilidad que nos cabe en nuestro paso por la vida, y a la brevedad de la misma y su importancia, dice: “El tiempo es sólo de días singulares, y su presencia consiste en instantes”.
Daniel E. Chavez
DNI 12.161.930