Domingo 31 de Marzo de 2013
¿Existirán todavía los eruditos? Supongo que sí, pero deben ser muy distintos a los eruditos de antes. Abundan aquellos que saben todo sobre un determinado territorio de la aventura humana, pero no aquellos que ejercen una erudición absolutamente diferente.
Tres ejemplos de los cuales me gustaría hablar, pero no lo haré en este momento de manera extensa: Jorge Luis Borges, Sir James George Frazer y Giovanni Arpino. Ninguno de los tres son eruditos. Erudición, palabra procedente del latín (eruditionem), es un saber profundo en un tipo de conocimientos, y especialmente, en los referentes a disciplinas literarias e históricas. Una persona que tiene erudición se denomina erudita.
Sabio, docto, instruido son sinónimos de erudito, según nos dice el frecuentado internet. Me siento mal de contradecir estos sinónimos pues creo que ninguno de ellos corresponde a la palabra erudito. Sabio, docto, ilustrado e instruido no tienen nada que ver con la erudición a la cual quiero referirme.
Un docto puede serlo referido a determinados temas, por ejemplo a las hormigas, a las pulgas, a las ballenas, a los elefantes, a los osos. Incluso a los desaparecidos dinosaurios, pero eso no implica ser un erudito. Se trata de un conocimiento limitado, por lo cual nada tiene que ver con la erudición.
Pero aclaremos que la erudición no implica conocer todo, es una manera de observar el mundo desde un ángulo diferente y son pocos los que lo logran.
Por otro lado, si uno piensa en tres maestros de la humanidad Buda, Sócrates, el autor del Eclesiastés, Jesús, no pueden ser incluidos en ninguna de esas categorías, incluso en la que corresponde a erudición. Lo que ellos desearon hacer conocer al hombre es algo muy diferente, algo muy difícil de alcanzar y que por eso el hombre sigue fatigando el camino de la incomprensión, el odio, la maldad.
Dije que en un próximo artículo trataré en especial de Borges, Frazer y Arpino.
Me tomaré la libertad de hablar de ellos porque son quienes de manera muy particular parecen enfocar lo que somos los hombres.
Un final para la polémica. Los eruditos, los que lo son de verdad, no utilizan internet. Prefieren las infinitas enciclopedias, como la Británica, que no es infinita pero se parece bastante a la idea que tenemos del infinito.