La hora del orgullo gordo
Podría decir “cuando los gordos seamos más locos serán ellos”, pero eso no me conduciría a nada, no resuelve, mucho menos expresa la dimensión de la intolerancia de nuestra cultura, que no es nueva: negros, judíos, homosexuales, gordos.

Miércoles 22 de Mayo de 2013

Podría decir “cuando los gordos seamos más locos serán ellos”, pero eso no me conduciría a nada, no resuelve, mucho menos expresa la dimensión de la intolerancia de nuestra cultura, que no es nueva: negros, judíos, homosexuales, gordos. ¿Mañana ser clon o haber nacido in vitro será la razón para segregar a una persona? Y no, no me hablen de salud, esa también es una excusa gastada, hecha bollito y tirada a la basura. Pasa que hay quienes todavía no se enteran, o no se quieren enterar, o no quieren que se entere, pero los tres millones de estudios hechos por todo el planeta, esos a los que llamaron “paradoja de la obesidad” por lo irónico que resultó, esos que demuestran que no existe una conexión real entre todo el choclo de enfermedades que se dijo que causaba, están, existen. Tampoco se deben haber enterado del trasfondo político que hubo para que se dijeran tales cosas, “ser gordo es malo, buuuu”, Vamos, no es tan difícil en realidad, saquemos cuentas. ¿Cuánto dinero cree que mueve estar convencido de eso, que sólo siendo delgado se puede ser feliz? Es lógico que siendo gordo no lo sea si se vive siendo acosado, ¿se fijó? No hay reunión en la que no se hable de dietas o cuánto bajó o engordó esa chica (es que las mujeres somos las que más salimos perdiendo, eso es porque gordofobia y machismo van de la mano), quizás tampoco se haya dado cuenta del señor que pasó e insultó a la chica porque total ella es la que está mal por ser gorda, las calificaciones bajas en la escuela, los talles inexistentes en los locales o a precios más altos (que si por el tamaño fuera la ropa de bebé entonces debería ser una ganga), y no hay tandas publicitarias donde no le quieran enchufar los milagros de algún producto bizarro, esos que sabemos que no funcionan pero no comprarlos es no intentarlo, y eso está mal, porque es “no tener voluntad”. Ni hablar de los programas donde la gorda es la mal llevada, la que se venga ¿se acuerda de la serie “Graduados” o “Casados con hijos”?, o es la sirvienta, ¿es necesario tener que hacer novelas como “mi gorda bella” para poner el ojo en la cuestión? ,y que encima al final la adelgazan para que tenga un final feliz. Tampoco voy a evitar meter el dedo en la llaga con el famoso “Cuestión de peso”, ese programa que a claras lucra con la desesperación de las personas, desesperación que si pensó que nace por querer bajar de peso se equivoca, lo que pasa es que con tal de ser parte de esa sociedad que exilia al gordo es capaz de hacer las cosas más indignantes, la verdad es como la cuenta Francisco Occhiuzzi en su charla “La broncemia, una enfermedad de la medicina moderna”: ninguno de estos pidió la cura de su enfermedad, sólo pedían respeto, sólo querían respeto. Tener salud es ejercer normalmente todas las funciones, el problema es que no somos máquinas ni productos salidos de fábrica, somos personas, cada una con su identidad. Criamos una juventud que profesa no meterse con la actividad sexual del otro porque el cuerpo es de cada uno, pero sí aplaudimos meternos con el cuerpo del otro porque es gordo. ¿Qué parte me perdí de la película? El problema al tocar las dignidades es que tarde o temprano llega la pregunta: ¿realmente merezco esto? En ese exacto momento nace el orgullo, y es que adelgazar no cura la gordofobia.

Martha Cecilia Weller / www.facebook.com/orgullogordo