Sábado 03 de Septiembre de 2011
Hace unos años un intelectual, Francis Fukuyama, anunciaba el fin de la historia. De acuerdo a su análisis, el sistema económico-político imperante sería para siempre en el devenir histórico de la humanidad. Sin embargo, la crisis, generada fundamentalmente en el sistema financiero en EEUU, produjo una caída en cadena de las Bolsas más importante del mundo dejando al descubierto lo falaz de aquella futurología. Ninguna teoría económica-política puede “congelar” o predecir los cambios de aquí a la “eternidad”, emulando a Dorian Gray, el personaje de la novela de Oscar Wilde, quien logró, a través de un pacto siniestro, que su juventud fuera ad-infinitum. ¿Cómo será la sociedad del futuro? ¿Cuáles serán las estructuras sociales en el siglo XXII? ¿Hacia adonde se encaminará el mundo y la tecnología y, por que no, el arte en los siglos por venir? Es evidente que la robótica modificará las relaciones laborales y sociales. A menos que ocurriera una situación similar a la creada en la ficción por Oscar Wilde, nadie podrá aseverar cuáles son los caminos definitivos que el ser humano habrá de recorrer. La historia no tiene fin.
Alejo Vercesi