Domingo 08 de Marzo de 2009
Las leyendas urbanas o narraciones con personajes fabulosos y fantasmagóricos dan cuenta de que, en determinadas ocasiones, el imaginario colectivo puede más que la realidad. Con orígenes confusos, fundamentados en recortes de diarios, horas de biblioteca o simplemente fruto de rumores, los mitos merodean en todos lados. Y se reciclan, se reinventan, cada vez que aparece una oportunidad.
Desde que el pasado 25 de abril se inició la mudanza hacia su nuevo edificio, el viejo Hospital de Emergencias Clemente Alvarez (Heca) se convirtió en objeto de leyenda. Con el paso de los días, una historia fue cobrando vida y ahora parece estar encarnada entre las paredes de la construcción en estado de cuasi abandono, que espera ser reciclada.
Hay que decirlo, los relatos sobre ánimas errantes y las búsquedas de historias ligadas a la identidad de los barrios (con personajes y casas embrujadas) siempre despiertan el interés de la gente. Mucho más cuando existen protagonistas que dicen haberse topado (o escuchado) con espectros o algo parecido.
Las anteriores instalaciones del Heca son custodiadas por dos guardias que se dividen entre las 24 horas. Son dos tipos que hacen lo máximo para cumplir con su trabajo, pero no escapan a las generalidades de la ley: cuando la luz natural se esfuma, las sombras de la noche imponen sensaciones de inseguridad y temor magnificadas por la enorme superficie del lugar.
Por los noches y las madrugadas, el empleado que queda de turno debe salir a recorrer los espacios. No sólo tiene que sortear la suciedad y el abandono, sino pasar por largos pasillos oscuros e ingresar a habitaciones donde hubo muertes y situaciones desesperantes. Esa carga emocional se suma como un lastre plomizo. Y es allí donde todo puede pasar. Dicen que durante las caminatas por los eternos y laberínticos espacios, se oye un grito, como un quejido, de alguien que evidentemente está sufriendo.
Esta situación habría sido corroborada por los vecinos, quienes ya no dudan en hablar del "fantasma del viejo Heca".
Una vez concretada la inspección rutinaria, el guradia permanece en su cabina, y se asegura de trabarla bien. Por las dudas.