Edición Impresa

La historia de cinco jóvenes de menos de 30 años que recuperaron un club de barrio

Es el Nueva Aurora, que desde hace 74 años funciona en Riobamba y Suipacha, donde jugaban al fútbol desde niños. En pocos meses lograron sumar 150 nuevos socios.

Sábado 31 de Mayo de 2014

No superan los 30 años y pasaron más de la mitad de su vida jugando al fútbol en el Club Nueva Aurora, que desde hace 74 años funciona en Riobamba y Suipacha, en el corazón de barrio Parque. Posan para la foto delante del escudo rojo que ellos mismos pintaron sobre la entrada de Riobamba y ya no como jugadores, sino con la responsabilidad que asumieron en noviembre del año pasado cuando fueron electos como la nueva comisión directiva de la entidad. Aclaran que tienen "un funcionamiento horizontal y abierto" y que se proponen "abrir las puertas del club al barrio, sumar a los vecinos y a las instituciones de la zona". Y aunque se encontraron con una caja en rojo y con pocas actividades, organizaron fiestas y kermeses para juntar fondos, ya sumaron clases y talleres, reacondicionaron el gimnasio "a pulmón" y están terminando los vestuarios. El sueño: techar y reacondicionar la cancha de fútbol. Una renovación generacional que desde la Dirección de Deportes de la Municipalidad aseguran que "hay que incentivar" (ver aparte).

Todos llegaron al club hace más de una década y aunque la mayoría es del barrio, otros lo conocieron por algún amigo. "Hubo una campaña para que los chicos de fútbol trajeran a alguien a jugar, y así me invitaron a los 10 años y no me fui nunca", cuenta Agustín Villegas sentado con sus compañeros en lo que llaman el "salón histórico del club".

La historia de Agustín —estudia para martillero público y trabaja en un servicio técnico de telefonía celular— se repite en algunos de sus compañeros; y todos, además del club, suman estudio y trabajo. Pablo Troscé, alumno de veterinaria, viaja todos los días a Casilda y es pasante en el Instituto Municipal de Salud Animal (Imusa); Misael Alasino, estudiante de arquitectura y empleado en una constructora; Gonzalo Mazzino, futuro comunicador social, encargado de manejar las redes sociales en el nuevo proyecto, y Albano Lalli, que además de integrar la comisión tiene un comercio en el barrio.

"Hay más gente que participa, porque todo el que quiera venir a colaborar, está invitado", afirma Misael, y apunta que en la comisión hay además dos mujeres. Si bien muchos ya venían colaborando anteriormente, en 2013 ganaron la elección y desembarcaron como comisión directiva, hicieron su "presentación oficial en la fiesta de fin de año" y ya lograron sumar 150 socios nuevos a los 210 que tenían.

Apertura. Un paso fundamental, iniciado por las comisiones anteriores, "fue sacar a la barra de Newell's; que venía siempre y hacía que mucha gente del barrio no se acercara", cuentan los jóvenes, y dejan en claro su principal objetivo: "Hay que abrir el club al barrio, sumar a los vecinos, a las mujeres que no tenían muchas actividades, y trabajar con otras instituciones, que sea un espacio de todos".

Como puntapié inicial, organizaron la fiesta de fin de año y la convocatoria superó sus expectativas. "Era buenísimo ver el intercambio generacional. Estaba yo, un pibe de 10 años y alguien que podía ser mi abuelo, todos bailando", suma Albano. El "boca a boca" funcionó, hubo bailes de Carnaval donde incluso se quedaron sin comida y el carnicero del barrio los salvó trayendo más choripanes. Así salieron adelante con los fondos y empezaron a hacer. "El frente lo pintamos nosotros y siempre algún socio se acerca a dar una mano", cuenta Misael. También reacondicionaron y reabrieron el gimnasio. "Todo es mucho esfuerzo: fines de semanas y feriados, muy a pulmón", agrega Gonzalo.

Además, se tomaron en serio la apertura hacia otras instituciones del barrio. El 24 de marzo, el Día de la Memoria, trabajaron conjuntamente con la Biblioteca Popular Alfredo Franzini Herrera, organizaron una charla con Madres de Plaza de Mayo y pintaron un mural con socios adolescentes. A la Escuela República de Bolivia, que está a pocas cuadras, ya le cedieron el espacio para un picnic y colocaron los talleres gratuitos de circo en horarios accesibles para los chicos de la escuela.

Actividades. El fútbol de salón, el clásico del club, es lo más consolidado. La actividad la practican 112 chicos, desde los 4 y hasta los 20 años. Pero para sumar socios, incorporaron propuestas. "Se abrió un espacio para chicos de iniciación deportiva y a las clases de patín, yoga y taekwondo, se agregaron las de kick boxing, salsa, pilates, danza y teatro", detalla Pablo, y señala que "se apuntó a las mujeres, porque no había muchas actividades para ellas".

Además, hay talleres de circo y tango, que son gratuitos porque se habían pedido a través del Presupuesto Participativo del municipio. Y de vez en cuando, también desembarcan en el salón obras de teatro y propuestas de la Secretaría de Cultura. Todo eso suma: no sólo los chicos y grandes de barrio Parque se acercan, sino que ya tienen alumnos de San Francisquito, Bella Vista y de barrio Latinoamericano (Ovidio Lagos y Rueda).

Avanzar en obras es otra meta. "Estamos por terminar el nuevo vestuario para hombres y mujeres", cuenta Misael, y el detalle no es menor, ya que el equipo femenino de futsal que entrenaba en el club dejó de hacerlo por falta de un vestuario.Sin embargo, el sueño es la cancha de fútbol. "Hoy tenemos una de carpeta asfáltica en condiciones regulares", aporta Misael, y Agustín sigue: "El ideal es poder tener una cancha de piso de parquet y techada, pero eso por ahora está muy por afuera del presupuesto". Sin embargo, no dudan en encarar mejoras sobre la cancha actual. Pero el objetivo colectivo, y Pablo lo resume, es "ofrecer un abanico de posibilidades para que todos participen, porque este es un club de barrio y está en el corazón del nuestro, y tiene que estar abierto a la gente".

E. L.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario