Jueves 06 de Mayo de 2010
No olvidaré la imagen del Papa Paulo VI, pocos años antes de morir, diciendo desde su ventana del Vaticano que "el humo de Satanás se ha filtrado en estos edificios". Eran los años de un posconcilio traumático. El padre H. de Lubac lo describía así: "La Iglesia se enfrenta con una grave crisis. Con el nombre de ‘la nueva Iglesia, la Iglesia posconciliar, está tratando de establecerse una Iglesia distinta de la de Jesucristo…". San Pío de Pietrelcina concluía su difícil vocación de profeta de estos tiempos. Otro santo, con distinta vocación y misión, afirmaba: "Es un hecho público que algunos eclesiásticos parecen hoy dispuestos a fabricar una nueva Iglesia, traicionando a Cristo, cambiando los fines espirituales (…) por fines temporales. Si no resisten a esa tentación, dejarán de cumplir su sagrado ministerio, perderán la confianza y el respeto del pueblo y producirán una tremenda destrucción (…)". Callados, millones de católicos contemplaban el derrumbe de seminarios, monasterios, congregaciones y templos. En cada rincón de cada parroquia se libraba una especie de guerra fría, sorda, donde no se mostraban las armas porque eso sería ir contra la identidad misma del cristianismo. Después de casi 50 años la guerra fría continúa, pero ahora se oyen los sonidos de un combate franco, quizás final. ¿Terminará la crisis o se agravará? Dios proteja al Papa Benedicto, el hombre sabio y santo que dirige la barca de Pedro. Nadie como él conoce sus entresijos.
Presbítero Félix M. Debuchy,
felixdebu@yahoo.com.ar