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La gran fiesta en el Monumento se prolongó hasta la madrugada

Una multitud celebró en Rosario el triunfo de la selección sobre Holanda y el pase a la final del domingo próximo. Grandes y chicos desbordaron el Parque a la Bandera apenas finalizaron los penales.

Jueves 10 de Julio de 2014

Como no ocurrió en los partidos anteriores, una multitud armó anoche una fiesta celeste y blanca al volcarse de manera incesante al Monumento Nacional a la Bandera, luego de que la Selección se impusiera por penales a Holanda, logro que la depositó en la final de la Copa del Mundo Brasil 2014. El tradicional parque de la ciudad fue escenario de una fiesta que sólo el deporte más popular del país puede generar, con miles y miles de personas que extendieron los festejos hasta entrada la madrugada.

"Volveremos, volveremos, volveremos otra vez, volveremos a ser campeones, como en el 86". Apenas Maxi Rodríguez ejecutó el cuarto penal que le dio la victoria (4-2) al equipo nacional sobre Holanda en la semifinal los rosarinos comenzaron a copar las calles para desatar una algarabía pocas veces vista.

Como en una procesión, la peatonal Córdoba y las calles que confluyen en el Parque Nacional a la Bandera se abarrotaron de familias enteras, parejas y grupos de jóvenes ataviados con el celeste y blanco en banderas de todos los tamaños, en la remera de la selección, en gorros, en bufandas, en vinchas o con la cara pintada.

El carnaval de las cornetas, las matracas, los silbatos, los bombos y los redoblantes se replicó sin pausa. Niños en los hombros de sus padres, la gente sacando fotos y más fotos de un marco pocas veces visto.

Autos repletos de familias, en moto, en bicicleta, a los bocinazos, en colectivo, a pesar del frío un cielo nublado y a como diera lugar. Nadie se quiso perder una celebración que se extendió hasta la madrugada y que sólo puede provocar el deporte más popular de los argentinos. La última vez que la Argentina estuvo en una final fue en Italia 1990, cuando perdió con Alemania, el mismo rival que enfrentará el domingo próximo.

La proa de un Monumento iluminado, de donde colgaba una larga bandera, y sus paredes laterales, fueron escaladas por cientos de personas que hicieron flamear lienzos y agitaron el pogo, mientras que los alrededores del parque fueron literalmente copados.

El cielo se iluminaba cada tanto con el estruendo de los petardos y las bengalas, lo que encendía las gargantas y daba paso al hit "Brasil, decime qué se siente...", al grito "Argentina, Argentina" y a la promesa de "volveremos, volveremos, volveremos otra vez, volveremos a ser campeones, como en el 86".

"Es la primera vez que vengo, pero salga como salga el domingo, voy estar acá de nuevo, no me quiero perder esto", dijo Federico, quien dejó de lado el análisis del partido y se sentó con su sobrino en las escalinatas del Monumento para contemplar la masiva manifestación. Mientras, el nene de dos años hacía sonar una corneta con la forma de la copa del mundo.

Es que parecía no ser el momento más adecuado para repasar lo ocurrido en la cancha. El objetivo de la masa era dar rienda suelta a la celebración.

Igualmente, Roberto y Laura, quienes llegaban con su hijo Tomás, de seis años, abrigado hasta los ojos con una bufanda y un gorro celeste y blanco, le pusieron nota al equipo de Sabella: "Excelente". También prometieron festejar igual el domingo, más allá del resultado contra los alemanes.

"Acá debe haber al menos 40 mil personas. Esto se da pocas veces, solo cuando Newell's o Central salen campeones", arrojó Gustavo, un vendedor ambulante con años en la zona.

En tanto, en la esquina de Juan Manuel de Rosas y Córdoba se armó un baile callejero. Claudio, oriundo de Totoras, no dudó ni un minuto: estacionó su Ford Escort tuneado, abrió las puertas y el baúl y dejó correr a través de sus parlantes de alta potencia un continuado de cumbia de Los Palmeras.

La respuesta fue inmediata y todo el mundo se puso a bailar. El clima era como en aquellas casi extintas celebraciones barriales de fin de año que obligaban a cerrar las calles.

De barrio Godoy, como el matrimonio formado por Yanina y Darío, quienes llegaron tres horas después de que terminara el partido y bajaron de una camioneta con sus tres hijos. O los de República de la Sexta, Flavia, Pablo, Gonzalo, Graciela, Sabrina, Lautaro, Valentín y Julieta, quienes disfrutaron ayer pero prometieron volver el domingo, sin importar el resultado.

Lo cierto es que los rosarinos se apoderaron del Monumento para expresar su alegría por el triunfo de la selección.

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