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La furia de un barrio tras el crimen de un pibe frente a un quiosco de drogas

El jueves a la tarde asesinaron a balazos a Franco Altamirano en Fisherton Norte. Los vecinos arrasaron el búnker y denuncian el flagelo de la droga en esa zona de Rosario.

Sábado 22 de Septiembre de 2012

El asesinato a balazos de Franco Oscar Altamirano, de 19 años, desató la furia contenida de una barriada harta de convivir con la existencia de un quiosco de venta de drogas. Todo sucedió el jueves a la tarde en las inmediaciones de Tarragona y Juan B. Justo, en la zona de Fisherton Norte conocida como barrio Emaús, tal como lo dio a conocer La Capital en su edición de ayer. A las 14.45 de ese día Altamirano fue asesinado a sangre fría con tres balazos calibre 9 milímetros cuando estaba frente a la casa de su tía, en el pasaje Kava al 7900 (paralelo a Juan B. Justo). El matador llegó solo, en un auto. Se bajó y le disparó tres veces a la víctima, el último un disparo de remate. Luego continuó viaje. El pibe fue trasladado en una ambulancia al Policlínico Eva Perón donde murió. Hace un año un primo de la víctima también fue asesinado en la misma zona.

El acto reflejo de los vecinos de la barriada fue peregrinar unos 100 metros hasta una casa ubicada en Tarragona 1150 bis que en agosto de 2011 fue allanada por efectivos antinarcóticos de la Policía Federal (ver aparte). Una vez allí, con palos, picos, mazas y hachas la redujeron a escombros. En ese lugar, según pudo saberse, funcionaba un búnker de venta de drogas que pertenece a un traficante apodado El Tuerto. "Acá, amigo, se vende droga desde 2004. Matan gente robando para tomar droga. Y a los otros los envalentonan y los mandan a matar a los mismos soldaditos", explicó, en medio del pandemónium alrededor del quiosco, un residente de la zona. "La gente no denuncia porque tienen miedo o porque los tranzas le pagan, amigo. Es así. Pero se terminó", dijo el hombre, maza en mano.

"Mi sobrino era un pibe que no se metía con nadie. ¿Quién lo mató? No sé. Yo estaba acostada y me avisaron", relató la tía del pibe muerto en ese mismo escenario.

"El crimen del pibe pasó en un lugar y después los vecinos fueron y quemaron una casa en la que dijeron que funcionaba un quiosco de venta de drogas", relató una fuente allegada a la investigación en manos de la jueza de Instrucción Raquel Cosgaya. "La víctima estaba frente a la casa de su tía. Llegó un auto. El conductor, que iba solo, se bajó y le disparó. El cuerpo tiene impactos en el codo izquierdo, en el muslo izquierdo y un proyectil le ingresó por la región dorso lumbar con orificio de salida en la fosa ilíaca o región inguinal derecha. Un testigo dice haber visto que el tirador le pegó un balazo de remate al muchacho cuando ya estaba en el piso", indicó el vocero policial. ¿El móvil? "Los allegados al pibe muerto dicen que lo pudieron haber confundido con un primo que hace unos días tuvo problemas con los tranzas (vendedores de drogas). Parece que se agarraron a las piñas y quedó el odio. Por eso la gente fue directamente al quiosco y lo destruyeron", indicó.

Una bandita. Hace un año, sobre finales de julio de 2011, un vecino de la zona de Juan B. Justo al 8500 llamó a la redacción de LaCapital y relató: "Nadie nos presta atención. Acá una bandita de entre 20 y 30 pibes, que tienen entre 14 y 19 años, hace lo que quiere. Roban casas, las usurpan y están todo el tiempo viviendo del arrebato y del robo a los repartidores. No se puede vivir más. Todo esto es por culpa de la droga". La cobertura de esa nota terminó con un equipo de periodistas agredidos en una tentativa de robo el 29 de julio de aquel año. Así, la zona donde confluyen los barrios 7 de Septiembre, Emaús, Fisherton Norte y hasta la villa La Bombacha, se ganó un lugar en las crónicas policiales. Y desde entonces no se detuvo.

Dos semanas más tarde, la madrugada del 13 de agosto de 2011, Iván Bisbal, de 14 años, estaba en las inmediaciones de Juan B. Justo al 7900, a metros de Sánchez de Loria, cuando llegó un grupo de muchachos con los que empezaron a cruzar palabras. Pero de los dichos pasaron a los hechos y uno de los recién llegados extrajo un arma de fuego y disparó contra quienes ya estaban en el lugar. El adolescente, que vivía a sólo dos cuadras de allí, había recibido un balazo que le ingresó por el lado derecho de la espalda y le había dejado un orificio de salida en la región izquierda del tórax. Junto al cadáver se hallaron cuatro vainas servidas de una pistola calibre 9 milímetros. Bisbal era pariente de Altamirano, el pibe asesinado anteayer.

"El problema es como en todos lados. Los tranzas buscan a los pibes más chicos. Transforman el barrio en un semillero de vendedores de droga o de soldaditos. Criamos los pibes y cuando crecen, los perdemos. Caen en manos de los tranzas. O caen presos. O terminan muertos. El problema no son los pibes sino que esto es una metodología, porque cuando los soldaditos no les sirven también los limpian. Esta es gente grosa", explicó un vecino. El hombre detrás de ese búnker, que según los vecinos funciona desde 2004, es conocido por el apodo de El Tuerto y es un traficante que trabaja con quioscos del noroeste rosarino. Tarragona 1150 bis, en el límite entre las comisarías 17ª y sub 21ª, era su boca de expendio principal.

Por eso cuando se conoció que Franco Altamirano había muerto, los vecinos y amigos del pibe no dudaron y munidos de las herramientas que tuvieron a su alcance fueron hacia el búnker, una casa en la que no había casi muebles. De la crónica del allanamiento que los federales de agosto de 2011 quedó registrado que en una de las habitaciones había un santuario dedicado a San La Muerte, un santo originario de la religión guaraní no reconocido por la iglesia católica y cuyo origen se remonta a la veneración de los huesos de los antepasados, a quienes sus devotos piden protección contra los fenómenos naturales y las fuerzas espirituales malignas. El santo no paró la bronca de los vecinos, quienes en minutos rompieron todo a su paso, armaron una fogarata y hicieron que todo lo que estaba en el interior fuera devorado por el fuego. Acto de simbología barrial. "Los tranzas andan diciendo que van a matar a todos los que estamos acá. ¿Cómo es eso? ¿Qué Justicia tenemos en Argentina?", dijo indignada una doña de la cuadra. El asesinato de Franco Altamirano es investigado por efectivos de la comisaría 17ª y de la sección Homicidios.

20 kilos de drogas en un allanamiento

El 18 de agosto de 2011, efectivos de la Delegación Rosario de Drogas Peligrosas de la Policía Federal allanaron la casa ubicada en Tarragona 1150 bis, la misma que destruyeron el jueves. Encontraron 18 ladrillos de marihuana y más de 900 bochas de cocaína. Los pesquisas contaron que la investigación había comenzado con un llamado anónimo dos meses antes y que el juez federal Marcelo Bailaque estaba a cargo del expediente. Además de los 20 kilos de droga, se llevaron detenido a un pibe de 15 años. Ese procedimiento es recordado porque los policías antinarcóticos se fueron del barrio y a las dos horas la boca de expendio estaba activa nuevamente. Algo que los vecinos hicieron saber a los medios de comunicación.

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