La fría lógica de la autodestrucción
Desde el siglo XIX los apologistas del capitalismo buscan coartadas ideológicas para su afán predatorio, pero los argumentos sobran y no son válidos cuando de la destrucción de las especies se trata.

Sábado 26 de Diciembre de 2009

Desde el siglo XIX los apologistas del capitalismo buscan coartadas ideológicas para su afán predatorio, pero los argumentos sobran y no son válidos cuando de la destrucción de las especies se trata. El Imperio Romano diezmó gran parte de la fauna de Africa en los juegos y divertimentos de la elite dominante que utilizaba fieras para destruir seres humanos en sus festivales de la muerte en el famoso Coliseo. Además esa sociedad esclavista expandió la sumisión, las guerras y el sufrimiento por gran parte del orbe, las legiones arrasaron personas, barrieron pueblos y culturas, sin piedad al servicio de su poderío irracional. El sistema capitalista, desde la Revolución Industrial en adelante ha multiplicado los padecimientos de millones de seres, poniendo al servicio de la tasa de ganancia toda su artillería material e ideológica. Ha elaborado doctrinas económicas, políticas y sociológicas que dieran basamento a la expoliación y a la perpetuación del dominio de las mayorías por parte de minorías rapaces. La última cumbre de la ONU sobre cambio climático evidenció otra vez que las elites y megacorporaciones que manipulan el mundo están decididas a continuar destruyendo la biósfera. Las maniobras retóricas no logran encubrir los verdaderos propósitos destructivos que afectan a las diversas formas de vida. Además otra vez las fuerzas represivas castigaron duramente a quienes en las calles de Copenhague alertaban sobre los reales peligros en ciernes sobre las especies. Al igual que ha ocurrido en los últimos años en las marchas antiglobalización propulsadas por los movimientos sociales. Una vez más es preciso e impostergable que los pueblos multipliquen sus acciones a todos los niveles recordando el aserto de E. Reclús: "El hombre es la naturaleza tomando conciencia de sí misma".

Carlos A. Solero

casolero_1@hotmail.com