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La Florida vive un verano a pleno sol con ritmo de salsa y buenos tragos

El tradicional balneario de la zona norte de Rosario está teniendo una temporada por demás de exitosa. La temperatura acompaña y hay múltiples actividades.  

Miércoles 16 de Enero de 2013

Música de bachata y una pareja bailando sola sobre la arena. Detrás, el paso lento de un velero en el agua marrón apenas rizada. A partir de ahí, una “ese” de sombrillas amarillas bordean el río y más allá el sol le pone lustre a las torres erguidas en la costa central rosarina. La Florida es una postal tranquila de familias y jóvenes. “El domingo hubo ocho mil personas”, dice satisfecho Rodolfo, un administrativo del lugar y aclara que la temporada viene “bárbara”.

   “Justamente estábamos hablando de la buena vista que hay desde acá, es excelente, sin duda éste es el lugar justo”, dijeron Mercedes y Lesli, que bromearon con estar “muy estresados” desde una reposera, en el extremo norte de playa. “Es muy buena la mezcla entre los edificios que se ven y la naturaleza de las islas”, dijo el joven de nacionalidad cubana que enseña salsa en Rosario. El lunes bailaron en la playa durante la tarde y el jueves volverán por la noche, para bailar ritmos latinos en un bar que organiza “una noche salsera”.

   Franco, Jorgelina y Mario forman una familia y comparten una mesa, dejando correr la última tarde de vacaciones del jefe del grupo. Llegaron el domingo de Villa Gesell y quisieron extender la postal de arena y agua en la ribera rosarina. “Pensamos cruzar a la isla, pero la verdad que está caro, 35 pesos por persona, acá por 36 entramos los tres”, dijo la mujer y agregó que el lugar está “prolijo, limpio, las sombrillas acomodadas, todas del mismo color porque otros años no estaban tan bien armadas”. El es empleado de seguros y ella docente, a pesar de ser habitué de un club, también concurren a La Florida, aunque prefieren hacerlo durante la semana. 

Pulgar arriba. Con los bolsos en la mano, ya levantando la jornada de río, Natalia y Mara coincidieron en que el lugar está mucho mejor que otros años. Ambas aprovecharon el día franco para tomar sol y tienen un abono grupal por el que pagan 170 pesos por persona. Sobre los precios de los bares, no están muy al tanto. “No consumimos mucho, nos traemos nuestras propias cosas”, explicaron.

   En sentido inverso, a pesar de que la tarde ya estaba entrada, Mercedes y su hijita Almudena llegaban de la zona norte de la ciudad dispuestas a pasar un buen rato. En su opinión, el lugar es una opción para quienes no se van de vacaciones. “Es tranquilo para venir en familia, siempre traemos nuestras cosas, como termo y galletitas”, detalló.

   ¿Un equipo básico para pasar el día? Diego Moreira no vaciló. Había llegado con su esposa, cinco hijos y el amiguito de uno de ellos. Sobre la reposera, al lado de castillos de arena, lonitas playeras y los restos de un grupo numeroso, repasó. “Hay que llegar con heladerita con mucho hielo y gaseosa para los chicos y para que coman sándwich traemos fiambre, mortadela, salame y queso”.

De diez. “Es el primer día que venimos, antes iba a la Rambla, acá está muy lindo, de diez, muy cuidado, los bañeros son muy atentos”, explicó Diego que lucía sobre el pecho el escudo de Rosario Central como carta de presentación. “Si, tienen que jugar el clásico y ganarlo, pero tranquilo, tiene que ser una fiesta como siempre”, opinó el hombre que es gastronómico y disfrutaba de su día libre. Además, dijo que los precios de los bares son tranquilos, por lo menos así le pareció después de consumir un aperitivo batido y el clásico Fernet con cola.

   Al ritmo de la bachata, Marceliño Damiano y Agueda Piedrabuena se contonean en la arena. Al lado hay un joven en posición casi de cruz, parece dormir ajeno a todo. Ya no hay mucha gente en el agua donde se pueden contar las boyas. Algún ocasional barco y mucha gente sentada de cara al oeste, esperando el atardecer que llegaría a sus espaldas en un par de horas. Ella es de Buenos Aires y está de paseo, él es nativo de Brasil y rosarino desde hace tiempo, tanto como para decirle a turista, “el diario La Capital es el más importante de la ciudad”. Una vez aclarado, siguieron bailando para la foto.

Carioca. Se llama Mojitos, es el último de los cuatro bares alineados que tiene La Florida. Es la primera temporada y está ambientado haciendo honor al trago caribeño. Coloridos loros pintados, frutos y redes. El barman hace unos pases como para refrendar el oficio y Carlos, el encargado del lugar, lo presenta como un ámbito de comida y coctelería “muy buena y de precios accesibles”. Una picada para dos ronda los 120 pesos y una tabla mexicana 150. También se puede comer rabas, cornalitos y pescados.

“Los domingos la gente prefiere ensaladitas, pero los jueves se puede cenar y quedarse a la noche de salsa”, comenta.

   Así, quienes veranean en Rosario tienen en las playas de La Florida una opción por demás de interesante. Sol, tragos, buena música y, sobre todo, relax. Ideal para cargas las pilas antes de volver al trabajo.

Características de una playa que se impone en Rosario

El balneario al que todos llaman “La Florida paga”, por contraposición a La Rambla que es gratuita, tiene 600 metros de largo y unos 80 de ancho con arena. Abre de 9 a 20.30 y los sábados y domingos la gente hace cola doble desde las 8.45. El último fin de semana hubo ocho mil personas y según sus encargados el lugar tiene la infraestructura necesaria para sostener esa cantidad de gente y aún mucho más. El público en general es habitué y formado por partes iguales por familias y jóvenes.

   Los fines de semana son los días fuertes y después del almuerzo la hora elegida. Claro que también hay mucha rotación y otros tantos que se quedan a pasar todo el día. Los días más tranquilos son los martes cuando la gente “descansa del descanso”, dicen en la administración entre risas.

    En el ingreso el lugar exhibe sus características: accesible para personas con capacidades diferentes, sillas anfibias, baños exclusivos, pasarela al río y estacionamiento. Además tiene cobertura de emergencia, un consultorio con médico de 9 a 20.30 y una decena de guardavidas.

   Según coincidieron los encargados, la multitud se resiste a dejar el lugar, porque a todos les gusta el atardecer en la playa.

Después de las 20.30 sólo pueden quedarse en el bar pero no acceder al río, esta norma está garantizada con seguridad privada. Así, la playa invita al disfrute y tiene una temporada exitosa.

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