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La fiesta del Coloso al Monumento

El plantel continuó la celebración en el Leprabús junto a una caravana interminable que salió del estadio y tuvo su clímax en el sitio más emblemático de la ciudad

Lunes 24 de Junio de 2013

Francisco tiene cuatro años y sentado sobre los hombros de su padre no podía creer lo que estaba viviendo. El espectáculo que le brindaba el paso de la caravana leprosa camino al Monumento a la Bandera lo hizo entrar en un mundo mágico. Su mirada lo decía todo: estaba feliz. Al grito de "vamos carajo" repetido quizás innumerables veces por ese mismo hombre que ahora lo llevaba alzado, se sumaba al festejo por el nuevo campeonato obtenido. La sonrisa contagiosa del nene ponía de manifiesto que, pese a su corta edad, llevaba por herencia en su piel la condición de leproso de ley y como tal tenía motivos para festejar.

Mientras Lucas Bernardi levantaba la copa en el Coloso, la avenida Pellegrini y el propio Monumento comenzaban a vestirse de rojo y negro para estar a tono con la fiesta. El movimiento fue constante y en aumento a tal punto que mucho antes de que comenzara la caravana, la tradicional arteria fue literalmente copada por el pueblo leproso. La tarde se iba transformando en noche cuando la espera del paso del Leprabús llegó a su fin.

Encabezando la hilera de vehículos iban los jugadores, muchos nacidos de la propia cantera, como el propio capitán, que en la punta del bus manejó la batuta con la misma soltura que lo hace dentro del campo de juego. Atrás, en el segundo ómnibus, viajaron los hinchas más caracterizados, junto con una orquesta que no paró de tocar. Siguiéndolos, micros con gente colgada, motos, autos y una masa importante de gente acompañando a pie completaban la escena.

La caravana tuvo una andar constante casi a paso de hombre y en cada esquina, donde se disminuía la marcha, una artillería de fuegos artificiales daban cuenta de su paso, iluminando aún más las ochavas. Los cánticos no paraban e iban del "Dale campeón" al recuerdo del primo recién ascendido. Esto, sumado a que Ñuls sumó un campeonato desplegando un juego de alto vuelo y no dejó dudas de ser el mejor de la Argentina, hizo que el festejo fuese exultante, inusual en algún punto. Quizás por eso tanta locura, por eso esa imagen insólita de los jugadores festejando al mejor estilo europeo, como el miércoles último.

Como si se tratara de una procesión religiosa, metro a metro los leprosos le rindieron culto a su equipo, y éste les devolvió la gentileza, en una comunión que parece no tener fronteras.

El punto más alto fue en el Monumento, donde tuvo lugar el final de fiesta en una noche que prometía ser larga. Lejos estuvo de ser una caravana del deseo y si así lo fue, el deseo fue unánime: que la fiesta continúe.

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