La fiebre del oro
En nuestro país, a pesar de la imperecedera y crónica crisis terminal, existe un sinnúmero de negocios por demás de florecientes. Voy a enumerar como ejemplo tan sólo tres, que son los que cuentan con el mayor porcentaje de adeptos o "socios vitalicios" , digamos, como para otorgarle a este relato cierto grado de inmediata comprensión.

Viernes 23 de Octubre de 2009

En nuestro país, a pesar de la imperecedera y crónica crisis terminal, existe un sinnúmero de negocios por demás de florecientes. Voy a enumerar como ejemplo tan sólo tres, que son los que cuentan con el mayor porcentaje de adeptos o "socios vitalicios" , digamos, como para otorgarle a este relato cierto grado de inmediata comprensión. Por supuesto que dichos "negocios" cuentan con una cuota extraordinaria de ingenuidad, entre ese público multitudinario que parece gozar al usufructuarlo. Veamos. Uno de los negocios está ligado a la farmacología, a través de los miles y miles de necios que se automedican. El que le sigue se inserta en la "novísima alquimia telefónica", en virtud de todo tipo de llamados y mensajes de texto, que suelen aludir a la poética, el chiste, el horóscopo diario, una oferta de sexo virtual y una larga lista de etcéteras. Y el restante se inscribe en los múltiples juegos de azar. A toda hora y para todos los gustos. En una palabra, los ingenuos, por no decir "los imbéciles" que es una palabra mucho más confrontativa, creen ciegamente en lo que les prometen los anónimos dueños de estas corporaciones trasnacionales, que también por supuesto los acribillan durante las veinticuatro horas de cada día con una específica publicidad que vierten los medios audiovisuales correspondientes lógicamente a sus vastos complejos recaudatorios. Lo cierto es que usted mediante esta suma de engaños se sentirá una persona "sumamente feliz". Y eso es lo importante, por eso en el sudoeste de Rosario, el lugar más cercano a Buenos Aires (donde se halla el flujo máximo de dinero del país), se ha instalado un grandilocuente templo de este último espejismo, que lo invita a disfrutar hasta de lo inimaginable. Pero no se olvide si es que anda por allí, de ojear con avidez a su alrededor, donde apreciará toda una multiplicidad de espectros menesterosos, propios de esta realidad sin escrúpulos, sin códigos ni leyes y hasta le diría sin Dios.

Felipe Demauro, felipedemauro47@gmail.com

DNI 6008849