Viernes 20 de Junio de 2014
Corre el champán por la Art Basel mientras acaudalados compradores cierran tratos millonarios en la feria internacional de arte más importante del mundo.
En total, 285 galerías de más de 34 países —desde la española Elvira González a la mexicana OMR- muestran sus obras más valiosas en esta cita que ayer abrió sus puertas al público general en el complejo levantado en Basilea (Suiza) hasta pasado mañana. Se exponen obras de más de 1.700 artistas de los siglos XX y XXI, desde Georg Baselitz a Pablo Picasso, Paul Klee, Gerhard Richter o Jeff Koons.
Como era de esperar, las primeras ventas se llevaron a cabo ya el martes, apenas unas horas después de la apertura al sector especializado.
Así, un delfín de acero de Jeff Koons cambió de dueño en la galería neyorquina David Zwirner por 47,7 millones de dólares, mientras que por una obra de gran formato de Kazuo Shiraga se pagaron 1,8 millón de euros en berlinesa Georg Nothelfer. Y antes de que la feria abriera sus puertas al público también se podía adquirir el lienzo de gran formato de Kiefer “Sefer Hechaloth” por 900 mil euros en la londinense Marlborough Fine Art.
Desde su fundación, en 1970, la Art Basel se ha expandido y actualmente cuenta con presencia en tres continentes: en 2002 abrió su primera filial en Miami Beach y un año más tarde siguió Hong Kong. Así, además de junio hay otras dos citas al año (finales de diciembre y mediados de mayo), pero no parecen minar los recursos de los expositores, como han demostrado estos dos primeros días de público VIP.
Este año llama la atención que los artistas asiáticos ya no sólo están representados mayoritariamente en galerías de China y Japón. “Se han descubierto los aspectos estilísticos en común. Los coleccionistas ya no distinguen entre chinos, japoneses y artistas occidentales”, afirma Lock Kresler, de la galería neoyorquina Dominique Lévy.
Ai Weiwei, Takashi Murakami, Yayoi Kusama, Zeng Fanzhi o Katsura Funakoshi se sitúan entre los favoritos de las galerías tanto europeas como americanas. Como ejemplo de esta disolución de categorías figura la monumental instalación “Eternity”, de Xu Zhen, en la sala 1, dedicada a obras de gran formato. La instalación consiste en varias estatuas inspiradas en la Edad Antigua y el Budismo.
No obstante, por los pasillos de la feria no se ve esta vez a tantas estrellas de Hollywood como antaño. A cambio, hay más asesores y coleccionistas chinos, entre ellos empresario musical Qiao Zhibing. Qiao, que también es dueño de un club nocturno en Shanghai, comenzó su andadura en el mercado del arte en 2006 y planea reunir en un futuro próximo su colección de arte chino y occidental en un museo privado.
Lo nuevo es que las galerías emergentes ya no están separadas como antaño de aquellas más consolidadas.
Por primera vez, también los galeristas con menos años de andadura exponen en la misma sala que grandes nombres como Gagosian, Perrotin, Yvon Lambert o Hauser & Wirth.
Y es que la Art Basel se ha propuesto impulsar el relevo generacional y reforzar posiciones en el arte contemporáneo.
“La diferencia es enorme. Tenemos muchos más visitantes”, confirma Stephanie Schneider de Arratia Beer. La galería berlinesa que regresa por segunda vez a Basilea después de que en 2012 estuviera en las salas reservadas a los exhibidores más jóvenes. Para muchas como ella, el cambio de sala supone una revalorización.