Martes 15 de Marzo de 2011
El sismo y el tsunami que sacudieron a Japón el viernes pasado, más el peligro nuclear desatado como una de sus consecuencias movilizan por estos días de manera particular el interés de los chicos por saber más.
“La escuela no puede quedar afuera de estas noticias y conversaciones que se repiten sobre la catástrofe”, afirma la bióloga Melina Furman, también doctora en educación en ciencias por la Universidad de Columbia (Estados Unidos) y directora científica del Programa Sangari (sobre enseñanzas de las ciencias en la escuela).
Leer críticamente. En diálogo con La Capital, Furman consideró que profesores y maestros tienen la oportunidad de enseñarles a los chicos a leer críticamente los medios, para aprender a separar el sensacionalismo de lo que efectivamente pasa. También de introducir cuánto y cuándo tiene que ver el hombre en el origen de estos desastres.
–Tsunamis, sismos y peligro nuclear son hechos que llegan a los chicos a través de los medios y les despiertan mucho interés. ¿Cómo puede la escuela capitalizarlo?
–La verdad es que la geología es una ciencia que se toca poco en la escuela y es una pena. Incluso se la trabaja en materias como geografía, y con una mirada más bien descriptiva, porque se piensa poco en cuáles son los procesos dentro de la Tierra que generan terremotos, volcanes, sismos, etcétera. Entonces es una gran oportunidad la que tiene para tomar estos temas de otra manera. Y, en particular, recoger parte de ese debate que estuvo apareciendo en los medios sobre cuánto tuvimos que ver los seres humanos en este desastre natural, que en realidad desde el punto de vista científico no es tal. Porque, por ejemplo, si hablamos de calentamiento global ahí es central el impacto del hombre, pero en estos procesos geológicos no. En este caso de los sismos y terremotos la acción humana no tuvo que ver, porque son procesos naturales de la Tierra que suceden cada cierto tiempo y que no podemos controlar, pero sí prevenir.
–Como lo hizo Japón.
–Claro. Es una oportunidad incluso para articular entre las ciencias naturales y las ciencias sociales, analizar qué distintas soluciones les encontraron las ciudades a la hora de construir sus edificios, qué se hizo para intentar mitigar la catástrofe, cómo se prepararon para enfrentarla.
–De todas maneras, no se escapan aquí temas como el peligro nuclear, donde sí tiene que ver el hombre.
–Sí, por supuesto, donde también se pueden comparar cómo fueron distintos accidentes nucleares, qué pasó, por ejemplo, con Chernobyl y el impacto que tuvo durante décadas en la población. Pero lo interesante es lo que la escuela puede hacer en estas circunstancias: ayudar a los chicos a leer críticamente los diarios, analizar qué es lo que dicen en relación con el peligro nuclear, cuánto tiene que ver el hombre, pero siempre leyendo más allá del miedo y el sensacionalismo para poder entender de verdad qué es lo que pasó. Es una oportunidad excepcional.
–En general, los educadores afirman que la escuela no tiene que correr detrás de las noticias, ¿pero este no sería un caso donde vale la pena no pasarlas por alto?
–Sí, sobre todo porque cuando las noticias son realmente relevantes para entender el momento histórico que uno vive vale la pena capitalizarlas. Las tienen que capitalizar el profesor al que le toquen, y eso no quiere decir dejar de enseñar lo que enseña siempre, pero sí es importante dedicarle tiempo al tema. Sobre todo para que la escuela responda a esta necesidad de formar a los chicos como ciudadanos críticos, que lean, que cuestionen qué es lo que se informa. La escuela no pude quedar al margen de todas estas noticias y conversaciones que se repiten sobre la catástrofe, tiene que darles más herramientas a los chicos para que esas conversaciones sean más informadas. Tiene que ser un compañero más para entender esta realidad y para no quedar afuera de la misma.