Lunes 21 de Diciembre de 2015
Gracias a que tenemos prensa libre, como La Capital, que permite a sus lectores escribir sin censura, me atrevo a comentar mis vivencias en este gran país, que es el más poderoso en riquezas materiales, y un poco flojo en el desempeño de sus autoridades, hasta el día de hoy. No analizo el futuro porque lo desconozco. Como no estoy pagado por nadie, para hablar del nuevo gobierno, comentaré, si sigo vivo, lo que suceda. Les cuento, que del anterior gobierno, el mando absoluto de Cristina fue innegable. Mandaba, y guay el que desobedecía u opinaba en contra. No lo inventé. Está en la crónica diaria. Se podría llamar ejercicio del poder absoluto, pero, para mi gusto, le faltó un poco de modestia, menos soberbia. Reconozco que su memoria es privilegiada. Después de 12 años que la seguí en su accionar, en los planes familiares, para ejercer el poder indefinidamente y ver cómo el destino, el universo, el poder superior, borraron las ilusiones y le demostraron que hay fuerzas superiores al ser humano. Esas cosas la transformaron y dividió al pueblo en oficialistas y enemigos de la Nación. Todos conocemos la historia. Los favorecidos son fanáticos de Cristina. Defienden lo que consiguieron. No merecen mi crítica, muchos pueblos del mundo han pasado por esas situaciones. Ahora me puse analizar a Cristina y les aseguro que estaba convencido que nunca iba a entregar el mando. Nunca imaginé cómo lo podía hacer sin quedar mal con sus votantes. Reconozco que me equivoqué en el fundamento, no sólo no entregó el mando, sino que se fue ofendida, víctima, y prohibió a sus diputados, senadores, gobernadores, concurrir a la jura del nuevo presidente. Todo por dictaminar la Justicia que su mandato terminaba el día 9 de diciembre a las 24. Los diputados, senadores, gobernadores, fueron elegidos por el pueblo. Cuando fueron comprados, dejaron de representar al pueblo y se transformaron en serviles al nuevo patrón. Es lógico que obedezcan. La esclavitud mental es una nueva fórmula para perder la libertad. Por suerte, hubo gobernadores ejemplares, senadores, diputados, que se declararon libres, con opinión propia.
DNI 4.340.294