La esclavitud del siglo XXI
Los pueblos de los países emergentes viven momentos de gran alegría y optimismo por la apreciación de sus monedas. Y es lógico, porque siempre sufrieron el pesar de no tener moneda.

Domingo 10 de Octubre de 2010

Los pueblos de los países emergentes viven momentos de gran alegría y optimismo por la apreciación de sus monedas. Y es lógico, porque siempre sufrieron el pesar de no tener moneda. No obstante, esa alegría se ve opacada por una creciente inflación en esa moneda apreciada. Como resultado de ello, nada cambia para mejor, todo conlleva a un futuro muy incierto. Los altos salarios en moneda fuerte de nada sirven si a cambio no se recibe más que una moneda acorde con las necesidades de consumo. Y más grave aún es la pérdida de las fuentes de trabajo como consecuencia de no ser competitivos en el mercado mundial y depender de las importaciones. Por esta situación ya pasó nuestro país y ahora se vuelve a repetir con la famosa patria financiera, que empobrece nuestra población y enriquece a los capitales golondrina que, hoy más que nunca, actúan sin riesgos cubriendo compras de divisas a futuro.

Tomás Gluck