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La enseñanza de María Sol

 La historia de María Sol es conmovedora por donde se la mire. Tiene 18 años, es mamá de un bebé de dos meses y quiere estudiar. Quiso ir a clases con su pequeño, pero se topó con la escuela, la vieja escuela secundaria...

Miércoles 09 de Abril de 2014

Se mecerá con aire.

Te acordarás del pino.

Dirás: "Duerme en mi cuna".

Verás que no es lo mismo.

José Pedroni ("Cuna")

La historia de María Sol es conmovedora por donde se la mire. Tiene 18 años, es mamá de un bebé de dos meses y quiere estudiar. Quiso ir a clases con su pequeño, pero se topó con la escuela, la vieja escuela secundaria, la que sólo admite a determinado molde de alumnado, y no pudo hacerlo. No sólo eso, se lo hicieron saber de mala manera. "Me maltrataron y discriminaron", contó la joven.

La noticia estalló en los medios santafesinos la semana pasada, cuando organizó, siempre acompañada en sus decisiones por su esposo Luis, una "teteada" en la puerta del Normal Nº 32 de la capital provincial, para denunciar lo que ocurría.

Aparecieron entonces las voces oficiales de directivos y funcionarios que todos los días aburren hablando de inclusión, pero ante casos concretos siguen apelando al viejo modelo de las "normativas vigentes".

Primero le explicaron que la escuela no podía "convertirse en una guardería". Si así fuera habría que pensar que la secundaria ya no es lo que era, y que justamente de eso se trata cuando se habla de pensar, diseñar una nueva escuela que albergue a las distintas diversidades de jóvenes. Porque es obligatoria, porque es un derecho.

La excusa que llegó más tarde fue la de las "condiciones de salubridad" para el bebé que ofrecen las aulas. Mucho se podría argumentar, pero alcanza con el comentario más que gráfico que en estos días hizo una experimentada profesora: "Si fuera por eso estaríamos todos fritos".

De hecho, ahora la joven aprende en un secundario (la Escuela Colón) que la recibió sin preguntarle más que los datos necesarios para completar la planilla de inscripción. Y hay que decirlo, no es diferente en términos edilicios y de recursos a la anterior. Sí, y mucho, en calidad educativa.

La ley de protección integral de los derechos de las niñas, niños y adolescentes expresa en su artículo 17 de "la prohibición de discriminar por estado de embarazo, maternidad y paternidad". Manifiesta así la prohibición a las escuelas públicas como privadas de "imponer" por estas causas "medidas correctivas o sanciones disciplinarias a las niñas, niños y adolescentes".

Y más bien obliga a "los organismos del Estado" a "desarrollar un sistema conducente a permitir la continuidad y la finalización de los estudios de las niñas, niños y adolescentes". No es la única ley que acompaña a María Sol en su decisión de estudiar y cuidar al mismo tiempo de su bebé. En ese sentido, el espíritu de las leyes argentinas educativas y relacionadas con el cuidado de las infancias y adolescencias ha avanzado más que muchas mentes conservadoras, lamentablemente al frente de instituciones educativas.

Lo que no deja de llamar la atención es que el caso no haya sido resuelto claramente desde el Ministerio de Educación provincial a favor de la joven, y permitir, en cierta forma, que se lo considerara casi como un capricho estudiantil.

Sobre todo si se considera el dato que el año pasado aportara la ministra de Educación de Santa Fe, Claudia Balagué, cuando analizaba el perfil de alumnos que repiten, no terminan a tiempo y hasta dejan la escuela secundaria, y señalaba que una buena parte se debía a razones de embarazo (La Capital 9/11/2013). Alumnas que luego pasan a formar parte del plan provincial Vuelvo a Estudiar.

Entonces, ¿cuántas María Sol se quedaron sin escuela por no denunciar lo que pasaba a tiempo? ¿Por no tener los recursos simbólicos necesarios para el reclamo, la compañía indispensable, no saber cómo hacerlo o lo peor: creer que "es lo común" que las dejen afuera?

María Sol no pudo haber tenido mejor idea para dar a conocer lo que le pasaba: eligió una teteada. ¿Hay algo más bello que dar la teta? ¿Hay momento, tiempo más amoroso que acunar a un pequeño o pequeña entre los brazos y alimentarlo?

Ante el maltrato, la discriminación y la negativa, María Sol eligió la comunicación afectiva, el mismo lazo encantador que se establece entre una madre y un hijo mientras se amamanta. Lo hizo para reclamar por su derecho a estudiar.

Toda una invitación la de María Sol: a superar la teoría y los enunciados, a construir de una vez por toda una urgente atención a la secundaria, con una mirada abierta, inclusiva de las nuevas adolescencias y juventudes.

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