La enseñanza de las elecciones
Las elecciones presidenciales del 25 de octubre dejaron, más allá de vencedores y vencidos, importantes enseñanzas públicas a la clase dirigencial que debieran ser valoradas para tomar nota de su real dimensión.

Viernes 30 de Octubre de 2015

Las elecciones presidenciales del 25 de octubre dejaron, más allá de vencedores y vencidos, importantes enseñanzas públicas a la clase dirigencial que debieran ser valoradas para tomar nota de su real dimensión. A nivel nacional, la sociedad dijo basta a la política autoritaria, demagógica y confrontativa propia de la década del 70, la que sumada a la infinita corrupción y estrechez mental en la administración del Estado empuja al país a una crisis económica inentendible. El Frente para la Victoria, con su máquina de imponer poder a costa de billetazos, persecución y subsidios de hambre, no encarna ni por asomo el justicialismo bien entendido de dar trabajo, dignidad, progreso y justicia social. Tenemos que asumir los argentinos que esa obsoleta forma de “hacer política” debe ser dejada de lado, y empezar a exigir la aplicación de políticas de Estado modernas, eficientes, creativas y fuertes, donde lo público no tiene que ser ni malo, ni débil, ni burocrático, ni corrupto. A nivel provincial, el socialismo fue castigado claramente por su hipocresía política a la hora de definir la estrategia presidencial. Binner se alejó de sus presumibles convicciones al no apoyar a Stolbizer (por considerarla perdedora) y tampoco quiso apoyar abiertamente a sus aliados políticos del Frente para la Victoria. Pretendió dar un apoyo más que tibio al progresismo, guiñando el ojo al FpV. En este punto no podemos olvidar que Binner fue el primer socio político de Néstor Kirchner, cuyo primer acto de gobierno en el año 2003 fue recibir al ex gobernador y que también fue ostensible en las votaciones claves como en el tema del campo, votando en contra incluso del interés provincial.En definitiva, creo que en este 25/10, el pueblo ejerció un voto con doble intención. Un voto esperanza, en la búsqueda de un país más moderado, más constructivo y positivo, por un lado. Y por otro un voto castigo condenando lo que ya no quiere, lo que lo cansa y quiere dejar atrás. Más allá del resultado del próximo ballottage, esperemos que podamos cumplir los anhelos de una Argentina sin divisiones, más equitativa, justa y próspera. De todos nosotros depende, y creo que no puedo terminar con otra frase que no sea: ¡Vamos Argentina!

Santiago Weisburd
DNI 23.928.290