Domingo 22 de Noviembre de 2015
La encriptación es un arma de doble filo. Al proteger el intercambio privado de información, esta tecnología sirve de herramienta a los servicios de seguridad y a movimientos prodemocráticos, pero también a extremistas violentos. Luego de los atentados del 13 de noviembre en París, se ha pedido a los servicios de seguridad que mejoren sus herramientas de seguridad para poder vigilar a los criminales que se valen de comunicaciones encriptadas. Pero no hay una solución inmediata que no viole la privacidad y las libertades civiles.
El gobierno estadounidense apoya la encriptación —financia varios proyectos de este tipo con el objetivo de apoyar a activistas prodemocráticos—, pero al mismo tiempo presiona para acceder a información encriptada para algunas de sus investigaciones. Las revelaciones de Edward Snowden en 2013 sobre la vigilancia masiva de la Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos (NSA) ha generado un interés cada vez mayor por encriptar información privada.
Pero funcionarios de los servicios de inteligencia y seguridad, así como varios legisladores en Estados Unidos, se quejan de que no pueden vigilar aplicaciones y celulares encriptados, porque para desbloquearlos se precisa una clave que solo conocen sus usuarios.
La candidata demócrata a la presidencia estadounidense Hillary Clinton se unió al debate y propuso que el sector privado especializado en tecnología trabaje con el gobierno para poder vigilar las comunicaciones de "terroristas" y así "prevenir futuros ataques", pero al mismo tiempo protegiendo la privacidad.
Pero especialistas en tecnología en el sector privado argumentan que cualquier mecanismo que se desarrolle en las tecnologías de encriptación y que permita el acceso de autoridades públicas a los datos encriptados, también podrá ser usado por hackers o por gobiernos represores.
"Cuando se introducen puertas traseras (acceso encubierto a los datos), no es posible programarlas de manera que solo una entidad pueda acceder a la información", explicó Mike Janke, director general de Silent Circle, una aplicación que figura en una lista de "seguras" que recientemente hizo circular el grupo terrorista Estado Islámico. "Los hackers pueden ingresar mejor que nadie", añadió.
Actores del sector tecnológico defienden los principios de la encriptación y señalan que es una tecnología usada por empresas, gobiernos, periodistas y disidentes en todo el mundo. Sascha Meinrath, líder del grupo de derechos informáticos X- Lab, insistió en que la encriptación "permite a millones de personas" eludir la censura y "acceder a noticias que no podrían ver de otra manera". Presionadas tras los atentados de París, Silent Circle y otras empresas de aplicaciones de encriptación tomaron medidas para dificultar el uso de sus servicios por terroristas. Janke aseguró que la empresa estaba implementando tecnologías más "agresivas" para reducir el uso de su aplicación por Estado Islámico.
Telegram, una aplicación rusa de comunicación segura, dijo que bloqueó docenas de cuentas de Estado Islámico. Los defensores de la encriptación argumentan que, al igual que cualquier otra, puede usarse con fines benéficos o dañinos. "La encriptación es una herramienta de seguridad de la que dependemos todos para impedir que criminales vacíen nuestras cuentas bancarias, proteger autos y aviones de ser hackeados", explicó Dean Garfield del Consejo Industrial de Tecnología de la Información, que representa a las principales empresas tecnológicas.