"La elección de Bergoglio no cambia en nada el escenario político interno del país"
Jorge Lozano, obispo de Gualeguaychú, es el cura que más trabajó con el nuevo Papa en el Arzobispado de Buenos Aires.

Lunes 18 de Marzo de 2013

Jorge Lozano es el actual obispo de la ciudad entrerriana de Gualeguaychú y ex obispo auxiliar de Buenos Aires en el Arzobispado cuyo titular, Jorge Bergoglio, ahora se convirtió en Papa.

Hombre clave entre los denominados "jóvenes" obispos, menores de 60 años, oriundo, como Bergoglio, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Es el sacerdote que más trabajó con el nuevo Papa, y que mejor lo conoce. Y que le debe buena parte de su formación teórica al hombre del barrio de Flores que sorprendió al mundo.

En una entrevista exclusiva con La Capital, Lozano explica quién es Bergoglio, el hombre que lo "puso" en Gualeguaychú cuando fuera presidente de la Conferencia Episcopal Argentina. Y de quien cuenta con la máxima confianza (formalmente, a los obispos los nombre el Papa, pero en la práctica, la operación de las jerarquías locales es determinante). Fue en 2006, en tiempos del conflicto por las plantas de celulosa con el Uruguay.

"Yo lo definiría como un compañero de ruta y también como un maestro. Lo conocí en 1992, trabajamos juntos en la diócesis de Buenos Aires, luego me nombraron obispo auxiliar en el año 2000, en su arzobispado, y luego vine a Gualeguaychú en 2006", sintetizó Lozano.

—En la actualidad, usted preside la Pastoral Social, una posición en la estructura de la Iglesia aplicada a la problemática social, económica, y también política. ¿Cómo diría que fue el itinerario de Jorge Bergoglio en ese terreno?

—Su sensibilidad por las cuestiones sociales fue siempre manifiesta. Recuerdo sus predicaciones en días clave como el 7 de agosto, día de San Cayetano, el 31 de agosto, día de San Ramón Nonato, y algo que él instituyó de manera permanente como la semana social en Buenos Aires. Y también en la peregrinación a Luján.

—Desde su juventud, Bergoglio mantuvo contactos gubernamentales: primero con los jefes militares durante la dictadura, y luego con todos los gobiernos democráticos. ¿Usted ve en Bergoglio un actor político en la vida argentina?

—Yo diría que ver en Bergoglio a un actor político es, cuanto menos, una lectura parcial. Los cardenales que lo ungieron lo conocen por su actuación internacional y no por las cuestiones internas de la Argentina. Bergoglio coordinó un encuentro muy importante en 2002, designado entonces por Juan Pablo II. Y no se trató de un encuentro vinculado a los temas sociales. Luego en 2005, en una reunión de toda la Iglesia de Latinoamérica, fue votado para presidir la comisión redactora del documento final. Un lugar clave.

—Se lo pregunto porque el día en que se conoció la noticia de su elección como Papa (miércoles pasado), en el Congreso de la Nación, donde se desarrollaban sesiones en ambas cámaras, se pudo visualizar que buena parte de los diputados y senadores opositores al kirchnerismo lo celebraron como un triunfo propio. ¿Qué diría de esta lectura que hace buena parte de la oposición política argentina de la elección de Bergoglio?

—Diría que es una lectura errónea. Bergoglio dijo muchas veces de manera explícita que la Iglesia no es un partido político ni oficialista ni de oposición. Ubicar un acontecimiento de este orden, que tiene transcendencia en el plano global y espiritual, como el triunfo de un determinado sector político es erróneo. Yo no creo que la elección de Bergoglio incida en términos políticos internos de la Argentina. Si hay incidencia, y espero que sí la haya, deberá ser en nuestro compromiso con el bien común, con la paz y en mejorar en nuestro compromiso con toda la sociedad. En definitiva, no me parece que este acontecimiento vaya a marcar algún cambio en el escenario político de la Argentina.

—A la hora de intentar una explicación sobre la sorpresiva elección de Bergoglio se plantean distintas hipótesis: que la Iglesia busca estar cerca de Latinoamérica por el afianzamiento de los gobiernos populistas y de centro izquierda; que el peso de las economías de nuestro continente es creciente en términos relativos en el mundo; o que universo católico de Latinoamérica gana peso relativo en escala global. ¿Usted qué cree?

—Yo diría que se trata de un reconocimiento a Latinoamérica por el camino hecho, por su reflexión teológica, por su acción pastoral que han resultado interesantes a nivel mundial. Lo que un teólogo amigo mío decía, ?en la Iglesia soplan vientos del sur?. También hay que decir que Latinoamérica es un continente muy desigual. Miseria, marginados, son realidades de nuestro continente. La Iglesia que le interesa a Bergoglio es la de la opción por los pobres. Aun cuando tenga alguna incidencia el contexto macropolítico de la región, yo creo que se trata (la situación política de Latinoamérica) de una lectura de secundaria. No fue lo principal en la decisión de los cardenales.

—Usted conoce a la Iglesia, y conoce a Bergoglio, ¿por qué ocurre su elección cuando casi nadie la esperaba?

- En los días previos conversé con colegas sobre lo erróneo de algunas lecturas del cónclave que hablaban de "tres o cuatro candidatos". Mi hipótesis siempre fue que había una gran dispersión de candidatos. Digamos 15 ó 20, entre los cuales estaba Bergoglio.

—Por último, ¿participa de la idea de que el Papa Benedicto renuncia porque no pudo con un Vaticano cargado de problemas graves y sin resolver, como las imputaciones de pedofília, y de lavado de dinero en los bancos propios?, o ¿simplemente por que su salud declinó a un extremo que no pudo seguir?

—Diría que Benedicto realmente estaba falto de fuerzas "físicas y anímicas", son sus palabras. Y diría que el nuevo Papa se encuentra con dos desafíos centrales. Uno, al interior de la Iglesia: la transparencia de los procedimientos económicos, y entre las distintas instancias. Y otro desafío en la relación de la Iglesia con la sociedad, entorno a la misión y los problemas sociales y culturales.