La educación de los hijos
No soy amigo de las polémicas, pero creo que es necesario aclarar algunas cosas de lo que la lectora Silvia Buonamico (14/1) cuestiona respecto a mi carta referida a la educación...

Martes 21 de Enero de 2014

No soy amigo de las polémicas, pero creo que es necesario aclarar algunas cosas de lo que la lectora Silvia Buonamico (14/1) cuestiona respecto a mi carta referida a la educación de nuestros hijos. Como ella bien leyó, yo dije “Para muchos padres, tal vez la solución a este hecho esté en pegarles a sus hijos en la boca o en retarlos solamente”, cosa real y visto en casas de familia, salas de espera y hasta en la vía pública. En ningún momento expresé que a los hijos hay que pegarles constantemente. Si ella le da a mi expresión la fuerza de una máxima, se equivoca, porque yo hablo de “muchos padres” y de “tal vez”. Respecto de que a los hechos de pegarles o de retarlos yo los considere “insuficientes”, es porque considero que tal vez (repito una vez más este término) si los padres no dijeran palabras groseras, sus hijos no las repetirían. Y como la señora encuentra “liviandad” en todo esto, hablaré de mí mismo y no de otros en la función de padre. Tengo dos hijos, una de 23 años, profesora nacional de arte folklórico y uno de 19, futbolista y estudiante universitario. Cuando eran niños, cuando tuve que darles una palmada oportuna en la cola, lo hice, y acepto ir a los estrados para justificar mi comportamiento. Porque cuando a mis hijos les dije no bajes a la calle, no te acerques a la caja de enchufes eléctricos, no digas semejantes palabrotas, o no le pegues a tu hermano/a, y no me obedecieron, lamentablemente, aunque me dolió más a mí que a ellos, tuve que darles una buena palmada, y entendieron. Quiero que se entienda mi posición: no digo que a los hijos hay que patearlos como si fueran pelotas, sino frenarlos a tiempo. Hoy, mis hijos son personas felices. Se declararon libres de sí mismos, lejos de la esclavitud del desenfreno, y son bienvenidos y queridos donde sea que estén. No tienen vicios, no tienen problemas psicológicos, no tienen un pasado aterrador, ni son violentos. Simplemente, porque junto al cariño y a las palabras educativas que les brindamos con mi esposa, recibieron oportunamente el freno necesario.
Daniel E. Chávez
DNI 12.161.930