Edición Impresa

La economía espera soluciones de la segunda presidencia de Dilma

Brasil eligió la continuidad de la actual mandataria. El ministro de Hacienda debió salir a inyectar optimismo, con promesas de bajar la inflación y acotar el déficit fiscal.  

Martes 28 de Octubre de 2014

Reelegida presidenta de Brasil este domingo, Dilma Rousseff enfrentará de inmediato sus mayores desafíos: una economía estancada y un Congreso fragmentado. Ayer la nota del día fue la marcada reacción negativa de los mercados. La estrecha victoria del Partido de los Trabajadores (51,64 por ciento de Rousseff contra 48,36 por ciento del opositor Aécio Neves) sacó a relucir las divisiones del país, que en los últimos dos años ha caído en un claro estancamiento de su economía. La división regional y socioeconómica del voto (ver infografía) polarizó a las dos realidades del enorme país sudamericano, de 200 millones de habitantes.

El dato más sobresaliente del lunes postelectoral era la fría recepción de unos mercados financieros que se derrumbaron, ante las dudas de que la mandataria pueda restaurar la confianza en la economía y mantener su apoyo político en un país tan dividido. Rousseff ganó por un 3 por ciento, unos 3,5 millones de votos, porque se sobrepuso al descontento causado por una economía débil y unos servicios públicos de mala calidad. Su victoria acabó con las esperanzas de los inversores y de casi la mitad del electorado, que apoyó a su rival, Neves, más amigable con los mercados.

Cambio de ministro. El ministro de Hacienda de Rousseff, Guido Mantega trató ayer de borrar el clima de pesimismo con promesas de controlar la inflación y atajar el déficit fiscal en los próximos cuatro años. La inflación superó la meta máxima de 6,5 por ciento anual, mientras el déficit fiscal se ahonda en un país con un gasto público muy alto. Por esto, el real aumentó sus pérdidas tras las palabras de Mantega, cayendo a mínimos de hace casi seis años. Rousseff anticipó el mes pasado que Mantega se irá a fines de año. Sea quien sea su sucesor, los inversores son escépticos sobre que Rousseff pueda liderar una rápida recuperación tras cuatro años de políticas industriales consideradas ineficaces.

Las principales compañías estatales se hundieron en la Bolsa paulista, incluida una caída del 12,33 por ciento de la estatal Petrobras. La agencia Fitch advirtió que podría rebajar la calificación de las firmas brasileñas el próximo año por la débil demanda doméstica, la caída de las materias primas y las "erradas políticas industriales" de Rousseff. "Para mejorar la confianza empresarial y revivir las inversiones en el segundo mandato, sería importante dar señales más claras de una menor implicación del Estado en el sector privado", dijo Fitch.

La noche del domingo Rousseff luchó por alzar su voz mientras reconocía la necesidad de un cambio exigido por muchos votantes, en unas palabras que algunos observadores ven como una señal de un giro al centro. "Un resultado tan estrecho reduce su capacidad de radicalizar políticas", dice Alberto Bernal, economista de Bulltick Capital Markets, Miami. "La mitad del país está en contra de lo que ella ha venido haciendo", agregó. Un segundo mandato de Rousseff no será fácil, sobre todo cuando una economía más lenta complica a un modelo gubernamental acostumbrado a altos ingresos tributarios para financiar programas sociales y crédito subsidiado a empresas y consumidores. La economía de Brasil, después de crecer hasta un 7,5 por ciento en 2010, el año antes de que Rousseff asumiera, ahora está en vías de crecer apenas: entre 0,3 por ciento y 0,6 por ciento, según estimaciones. Los esfuerzos por avivar el crecimiento a través de exenciones impositivas y otros subsidios a industrias han fallado. Y aunque el desempleo está casi en mínimos históricos, los economistas no esperan que siga así por mucho tiempo porque la menor inversión, el crecimiento casi cero y la incertidumbre llevan a los empleadores a hacer recortes.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario