La dulce sonrisa del globo amarillo
Era una noche lluviosa y fría del pasado mes de mayo, en el centro de Rosario, frente a los Tribunales. Una madre y abuela iniciando un acampe buscando un derecho. Ese derecho inalienable que tenemos todos los ciudadanos nacidos bajo este...

Viernes 20 de Junio de 2014

Era una noche lluviosa y fría del pasado mes de mayo, en el centro de Rosario, frente a los Tribunales. Una madre y abuela iniciando un acampe buscando un derecho. Ese derecho inalienable que tenemos todos los ciudadanos nacidos bajo este cielo y sobre esta tierra, de los confines del planeta, llamado República Argentina. Derecho a obtener justicia por sus seres más queridos, arrebatados por un energúmeno que las asesinó sin piedad alguna. Aún bajo ese indescriptible dolor, Cristina sacó fuerzas vaya a sabe de dónde para enfrentar con valentía al sistema. Un sistema corrupto que, sumado al calvario atravesado le sumaba cinismo, desidia, indiferencia a su dolor. Ese primer día, martes de madrugada, sobre calle Balcarce, se acercaba un objeto saltarín, de color amarillo, como pidiendo permiso. A la distancia no se podía saber qué era, pero fue acercándose de a apoco al pasacalle con la foto de Laura y Mia. A esa distancia ya se notaba que era un globo de ese color y se quedó esperando a alguien que lo alzara. Pero había una particularidad, tenía pintada una sonrisa, algo no tan común. Menos usual aún fue que apareciera en la madrugada de un martes y lo más increíble es que el viento era contrario a su desplazamiento. Se tejieron variadas conjeturas ante lo inexplicable, pero todos coincidimos en que se trataba de una señal de su hija y de su nieta. Era como un mensaje que Cristina estaba haciendo lo correcto, pacíficamente, pero con firmeza en su reclamo. A partir de ahí fueron 16 días de claroscuros, la misa en la puerta de Tribunales del padre Joaquín Núñez, el abrazo solidario, los guisos de Juan, el desgaste de los personeros del poder, las 3.000 firmas recolectadas, los mates amargos, la indiferencia de los jueces y políticos. Pero la noticia ansiada llegó. Encontraron al asesino en una localidad vecina. Ese asesino que estaba preso y se escapó como si nada de una comisaría y, lo que es peor, nadie buscaba. A partir de ahí un sinfín de sensaciones encontradas: alegría, llanto, abrazos interminables. Por sobre todo, el ejemplo de Cristina Ojeda, que con inmenso dolor pero con fe inquebrantable pudo resistir estoicamente los embates del poder. Con su heroica lucha logró enseñarnos a todos que la justicia debe prevalecer por sobre la venganza y que, cuando las convicciones son firmes y la causa justa, no hay fuerza terrenal que pueda oponerse.

Carlos Alberto Boffa
DNI 16.218.665