Viernes 22 de Noviembre de 2013
Cualquier parecido con Sinaloa es pura coincidencia. En Rosario, Córdoba, en el Conurbano Bonaerense, hay una guerra de narcos sospechados de complicidad con algunas de las fuerzas que deberían combatirlos. Cada día nuevos integrantes de las mismas y con grados superiores son descubiertos en connivencia con ellos y con políticos que juegan a los distraídos. ¿Por qué la Prefectura no controla a los barcos, barcazas, empujes, lanchas, que descienden por los ríos Paraná, Uruguay y el Delta, tan permeables a la introducción en cantidades de las tan mentadas drogas, en vez de estar en Puerto Madero, Nordelta y otros sitios custodiando a quienes las traen, dónde por lo que hemos visto se concentra la mayor cantidad de lavadores de dinero? ¿Por qué Gendarmería Nacional en vez de ser usada para el marketing político por “Superberni”, coronel asimilado al mando de tropas, no actúa por lo menos en la prevención? Un vecino de dos cuadras de mi domicilio, en Martínez, fue apresado en Santiago, su apellido Andrada (me enteré del asunto por los diarios), alias “Piturro”. En el barrio siempre se veían las extravagancias de él y sus hijos, que tenían un nivel de vida muy alto, sospechados obviamente de su relación con la droga desde hace años. ¿Cómo la policía comunal, provincial o Federal no estaban anoticiados, o se rompió el pacto de silencio? Además, deben ser conocidos los sitios de comercialización de estupefacientes, con una buena inteligencia se puede detectar los lugares, claro que no deberían hacerlo para mejicaneársela; también eso sería muy bueno. El flagelo de la droga ya está instalado en la Argentina, sobran fronteras y espacio aéreo sin control. Toda la región mesopotámica, Salta, Jujuy, Formosa, Chaco son un queso gruyere. Si el Estado no toma cartas en este asunto habrá más adictos, más delitos, más inseguridad, más crímenes. Por favor, que las autoridades nacionales hagan algo antes de que debamos lamentarnos.
Roberto Rubén Sánchez
DNI 8.634.022