Miércoles 11 de Febrero de 2009
Quizás el aumento de dióxido de carbono atmosférico, quizás el efecto invernadero, quizás toda la actividad humana han alterado el equilibrio y la naturaleza nos castiga, dejando una trampa mortal expuesta, durante la última tormenta. "Envolvé bien los vidrios rotos para que no se corte el basurero", decía mi abuela, cuando ocasionalmente se rompía un vaso en mi casa. Hoy tiramos cualquier cosa al tacho sin ninguna precaución, producimos toneladas de basura, somos los verdaderos basureros y los recolectores de residuos alejan esa peste de nuestro entorno. ¿Qué hacía trabajando ese joven recolector que falleció electrocutado en la tormenta? Mientras casi todos nosotros mirábamos las piedras, bajo techo, por el vidrio de una ventana, Alberto cayó en la trampa. "No tiene nada de malo ser basurero", decía también mi abuela, y cada fin de año les canjeaba una sidra por una tarjetita de augurios, firmada por: "Los muchachos del camión". Dignifiquemos su trabajo, cuidemos a nuestros recolectores, seleccionemos la basura, envolvamos en diario los vidrios rotos y sobre todo no permitamos nunca más que trabajen en condiciones meteorológicas inapropiadas.
Carlos Flores, biocarloncho@hotmail.com