La democracia uruguaya
El proceso electoral uruguayo que concluyó en su primera etapa el domingo 25 de octubre marca un fuerte contraste entre la democracia oriental y la democracia argentina. En primer lugar, el régimen electoral. En Uruguay funciona un genuino ballottage.

Martes 27 de Octubre de 2009

El proceso electoral uruguayo que concluyó en su primera etapa el domingo 25 de octubre marca un fuerte contraste entre la democracia oriental y la democracia argentina. En primer lugar, el régimen electoral. En Uruguay funciona un genuino ballottage. El límite mínimo del 50 por ciento más uno de los votos constituye una prueba por demás exigente. José Mujica hizo una excelente elección y, sin embargo, no tendrá más remedio que competir dentro de un mes con su inmediato perseguidor, Luis Lacalle. En nuestro país resulta mucho más sencillo ganar en primera vuelta. Basta con obtener el 40 por ciento de los votos y superar por más de diez puntos al segundo para ganar la elección presidencial. En segundo término, la ausencia en Uruguay del fanatismo y la intransigencia. José Mujica no era el candidato predilecto de Tabaré Vázquez. Sin embargo, el Frente Amplio decidió a través de elecciones internas que Mujica sería el candidato presidencial, decisión que fue acatada por el presidente uruguayo. No hubo nada parecido a "dedocracia". Pese al abismo ideológico existente entre el Frente Amplio y el Partido Nacional, Luis Lacalle, candidato presidencial neoliberal, no se cansó de llenar de elogios al doctor Tabaré Vázquez, a quien le reconoció, por ejemplo, su decisión de adjudicar una computadora a cada niño en edad escolar. Ello prueba que para la clase política uruguaya hay políticas de Estado que se mantienen incólumes sin importar si hoy gobierna el Frente Amplio y mañana el Partido Nacional. En Argentina ello es absolutamente imposible. En tercer lugar, la participación del pueblo. Mientras que en 2007 sólo el 70 por ciento del pueblo participó en las elecciones presidenciales de nuestro país, el pasado domingo 25 de octubre el 90 por ciento de los uruguayos votó. Por último, hay que mencionar la educación cívica demostrada por José Mujica y Luis Lacalle luego de conocerse los resultados del escrutinio. La mesura y el respeto brotaron de los discursos de ambos contendientes. Dos caballeros. En Argentina ello es también absolutamente imposible. El país que cobijó a tantos exiliados argentinos, que a partir de 1984 eligió a presidentes de la talla de Julio Sanguinetti y Tabaré Vázquez, acaba de brindar una lección de democracia ya que hizo posible que un ex tupamaro y un conservador compitieran por el poder sin que ninguno de ellos perdiera de vista que primero está Uruguay.

Hernán Andrés Kruse, hkruse@fibertel.com.ar