La decadencia de Israel
Grecia e Israel fueron la piedra basal sobre la que se edificó la civilización occidental. Grecia, en un proceso secular que comienza en Homero y Hesíodo y culmina en Platón y Aristóteles, aportó el logos, la razón.

Domingo 11 de Enero de 2009

Grecia e Israel fueron la piedra basal sobre la que se edificó la civilización occidental. Grecia, en un proceso secular que comienza en Homero y Hesíodo y culmina en Platón y Aristóteles, aportó el logos, la razón. Israel, por su parte, aportó la fe, pero no una fe ciega e irracional sino una fe racional para la cual cada ser humano es único e insustituible, hecho a imagen y semejanza del Creador. Atenas y Jerusalén, razón y fe, se unieron e hicieron posible aquello que el filósofo conservador García Venturini denominó "el espíritu de Occidente". Israel, la tierra de la Escritura Santa, fue desde la gestación misma de Occidente un sostén fundamental de la consideración del hombre como ser pensante, reflexivo, portador de valores y creencias religiosas que lo hacen merecedor del mayor de los respetos. Israel, la tierra donde emergió una cosmovisión personal, trascendente y espiritual del Creador, se diferenció desde siempre de Oriente, ámbito propicio para la primacía del fundamentalismo religioso y del mito. Lamentablemente, Israel ha dejado de ser Israel. Hoy Israel (jaqueado, es cierto, por Estados que rechazan su existencia) ha reemplazado la fe racional por un odio irracional que resulta lesivo para la dignidad humana. Hoy Israel no es más que un Estado militarizado capaz de exhibir una crueldad que provoca pánico. Hoy Israel es apenas una grotesca manifestación de oscurantismo, fanatismo y locura. Las increíbles y dantescas fotos de los nenes palestinos muertos por bombas judías son el reflejo escalofriante de un pueblo (que supo ser el elegido) que perdió el rumbo. Hoy Israel se ha resignado a ser el brazo ejecutor de la política que la "república imperial" aplica en Medio Oriente, la fuerza de choque que protege los intereses geoestratégicos de una megapotencia que se resiste a abandonar el unilateralismo en las relaciones internacionales. Estamos asistiendo a la decadencia de Israel. ¡Qué pena!

Hernán Andrés Kruse

hkruse@fibertel.com.ar