La curva de la muerte
Estoy muy enojado. Acabo de pasar, volviendo de una de mis giras de trabajo, por la maldita "curva de la muerte", esa que está a sólo unos cuatro kilómetros de Casilda,

Lunes 26 de Marzo de 2012

Estoy muy enojado. Acabo de pasar, volviendo de una de mis giras de trabajo, por la maldita "curva de la muerte", esa que está a sólo unos cuatro kilómetros de Casilda, Esa que seguramente diseñaron unos ineptos y concretaron otros peores, esa que cada fin de semana reclama la salida de nuestros voluntariosos y gigantescos muchachos bomberos, porque algún desprevenido se dio vuelta, perdiendo desde lo material hasta la vida en muchos casos, y no siempre son alegres muchachos que salen del boliche, muchos casos son de gente que tranquilamente viaja de paso, sin saber que allí lo espera esta trampa mortal, sin luces, con banquinas descalzadas, con mala señalización. Estoy caliente, les decía, porque me pregunto quién o quiénes son los responsables de esa desidia, de ese abandono. ¿Podrán dormir con tanta culpa? Si hasta a mí me da vergüenza ajena, como ganas de juntar gente cívica y honesta (que las hay) y llegarme hasta el lugar a compactar las banquinas, poner luces (aunque sea unas velas) y ensayar una plegaria al Señor.