Viernes 23 de Marzo de 2012
Los 5 ó 6 millones de franceses de religión musulmana no son un todo homogéneo, sino un mosaico de tendencias, muchas veces enfrentadas, señalan los expertos. Aunque la mayoría practica un islam moderado pero conservador, las comunidades son incapaces de controlar a las minorías violentas en su seno, como se ha comprobado dramáticamente con el caso de Mohamed Merah.
Según el diario español ABC, los estudios de campo realizados en la última década dan un retrato de una mayoría de musulmanes tradicionalistas pero partidarios de la integración con la sociedad francesa. Incluso aumentan la indiferencia religiosa y la secularización y hasta el agnosticismo, pese a que la impresión general sea la contraria.
Periferias. En las periferias de las grandes ciudades, como París, Toulouse, Lyon o Marsella, existen pequeños grupos de musulmanes muy jóvenes, que han seguido cursos de "formación" teológica y miliciana en Yemen, Afganistán o Pakistán, como sería el caso de Merah. Este demostró una capacidad de combate y manejo de armas de guerra que no se adquiere con sólo mirar videos en Internet.
Un clérigo ortodoxo pero partidario de la integración, que ha denunciado el uso del velo integral, el imán Hassen Chalghoumi, le comentó a ABC: "En Francia hay muchos imanes pacíficos como yo, pero muchos no se atreven a hablar. En mi caso, han intentado callarme pero no pueden. Los musulmanes pacíficos y piadosos son mayoritarios. Ni el burka ni el crimen tienen nada que ver con el islam".
Muchos especialistas hablan del "retroceso y balcanización" del islam francés. Farhad Khosrokhavar, sociólogo, afirma: "Los trabajos de campo confirman que el islamismo radical ha retrocedido como fenómeno social", pero a la vez "estamos asistiendo a la floración de un nuevo movimiento, el híper fundamentalismo: grupos que no están en guerra contra la sociedad francesa, pero que quieren practicar un modo de vida que creen era el de Mahoma. Se trata de musulmanes ultraortodoxos, que reaccionan ante una sociedad híper secularizada".
Ante una mayoría musulmana pacífica y no violenta, ¿cuál es la importancia de los nuevos híper fundamentalistas en Francia? Según cifras del Ministerio del Interior, sobre 65 millones de habitantes del país, sólo unas 400 ó 450 mujeres visten el burka, vestimenta que ha sido prohibida por ley. Y siempre existen jóvenes que, como Merah, descubren su identidad religiosa de manera radicalizada y violenta, tentados por el salafismo, al que adheriría un hermano de Merah que fue detenido.
Fuentes policiales citadas por ABC estiman que "los ultraradicales no son muy numerosos. Algunas decenas , y muchos están fichados. La mayoría son «lobos solitarios», gente de baja formación cultural. Pero pertenecen a familias que no son muy pobres. Incluso viajan. Esos viajes pueden ser temibles. En los últimos veinte años, se han desmantelado varias filiales francesas de musulmanes que han hecho el «peregrinaje» a Pakistán o Afganistán. Son los más temibles". Este era el caso, precisamente, de Mohamed Merah.