Martes 20 de Octubre de 2015
Dice el refrán: "En un país de prófugos, el que camina derecho…parece que está huyendo". Existen tres formas de legítimo gobierno: monarquía (gobierno de uno), aristocracia (gobierno de los mejores), democracia (gobierno de muchos). A estas formas rectas de gobierno se oponen tres formas degeneradas, en las que los gobernantes prescinden del bien general y buscan sólo su propio interés: la tiranía, la oligarquía y la demagogia. No se puede decir cuál de las tres es mejor, pues para cada pueblo en concreto hay que deducirla de una indagación objetiva de su historia, y de quienes han dominado la opinión pública por años. Aristóteles estudió 158 constituciones de distintos Estados, y concluyó: "En principio, toda forma de gobierno es buena si quien gobierna busca honradamente el bien de los gobernados". Hoy…¿tiene alguien memoria de haber escuchado en una campaña política tantas acusaciones, tantas denuncias, haber descubierto tanta cantidad de asociaciones ilícitas, robos y personajes procesados en lógico camino a la cárcel, si la Justicia actuara honestamente? Tanta cantidad de delitos denunciados y no desmentidos, tantas defraudaciones sean al Estado o al pueblo, aprovechándose de su investidura política. Desfachatados que declaran un patrimonio personal varias veces millonario sin ponerse colorados, producto de un origen no claro. Sinceramente...hoy por hoy resulta ser que los postulantes ante la realidad de los hechos, no persiguen un puesto político, sino por el contrario, ante semejante desfachatez y habilidad para delinquir y lograr ocultarse, buscan exclusivamente el amparo de los fueros, para asegurar su comprometida libertad. El ciudadano común que escucha, desde el silencio de su inocencia, a semejantes personajes decirse y contestarse insultos y denuncias desde la más pueril bajeza moral. Sigue laburando para poder darles un estudio a sus hijos, seguir comiendo, y apostando a la esperanza. Esperando vanamente poder encontrar alguna relación entre los patrimonios económicos declarados, con el necesario y para nada claro...patrimonio moral.
Norberto Ivaldi / norbertoivaldi@gmail.com