La Casa Rosada por dentro: detrás de escena del inicio de un nuevo ciclo
Marcos Peña rechaza que le digan que es el "ministro más poderoso". El clima de mudanza inconclusa se hace visible en el lugar

Domingo 20 de Marzo de 2016

A Marcos Peña no le gusta que le digan que es "el hombre más poderoso del gobierno". Pero lo es.

El despacho del influyente jefe de Gabinete está casi pegado al del presidente de la Nación, a quien ve varias veces al día. Fotos familiares se mixturan con la instantánea del día en que Mauricio Macri le tomó juramento en el Salón Blanco de la Casa Rosada.

Peña es un consumidor diario de caramelos Sugus, y se nota. Una caramelera aloja a varios masticables, que también se esparcen para convidar a los invitados en la larga mesa de trabajo. El día anterior a la entrevista con La Capital Peña cumplió 39 años.

No quedan ni rastros de los seis televisores que Aníbal Fernández tenía en el mismo despacho que hoy ocupa su sucesor. Apenas un led pequeño y apagado es la herencia que se deja ver. "Se los llevó todos Aníbal; no nos dejó ni los conectores", revela un secretario que pasó a saludar por la oficina del primer piso de la Casa Rosada.

La austeridad del jefe de Gabinete queda demostrada durante los casi 50 minutos que duró la entrevista con los periodistas de los diarios del interior de mayor circulación, a quienes sólo se les convidó con un vaso de agua y con los Sugus multicolores.

Sin traumas. A simple vista, Peña no luce abrumado ni traumado por la nueva responsabilidad. Es el mismo personaje que se transformó en "cerebro político" de la gestión del PRO en la ciudad de Buenos Aires y luego se convirtió en jefe de campaña presidencial de Mauricio Macri.

Hincha de Boca Juniors como su jefe, el ex secretario de Gobierno porteño cruza bromas con el periodista de La Capital sobre cuestiones futboleras, cuenta que su trabajo en la Rosada comienza a las 8 de la mañana pero nunca sabe a qué hora va a terminar. Durante la entrevista no chequeará ni una sola vez su teléfono celular, pese a que es de contestar las preguntas que los periodistas le formulan a través de Whatsapp cuando la ocasión lo amerita.

Plaza vacía. Los ventanales de la Jefatura de Gabinete ofrecen una formidable panorámica sobre la Playa de Mayo, donde se consume un atardecer diáfano, sin marchas ni estruendo.

Ya sobre las 20 horas, y tras un off the record jugoso, Peña saluda y se queda en el despacho atendiendo cuestiones de la administración, Antes de la entrevista, el secretario de Medios, Jorge Grecco, y el subsecretario Juano Gentile invitan a los periodistas a recorrer el Salón Blanco de la Casa de Gobierno, el disco rígido de todas las historias presidenciales.

Sin histerias ni personal de seguridad abusivo, la nota saliente del paseo por el Palacio de Gobierno es el silencio. Nadie grita.

Miradas cruzadas. Hay un clima de mudanza recién terminada o a punto de culminar. El nuevo personal convive con los recién llegados. Y se nota en las miradas que se cruzan. En el pasillo que conduce al despacho presidencial hay un mueble antiguo de mármol con una figura extraña, de forma humana. "Perón le tocaba las nalgas porque decía que traía suerte", cuenta un encargado de seguridad ante el asombro de los enviados. Que luego procederían a tocarlo.

Las sombras de la noche se hacen sentir en el Patio de las Palmeras que, hasta hace poco, solía llenarse de militantes kirchneristas que concurrían a escuchar a Cristina Fernández en sus recurrentes apariciones posdiscurso. Apenas se dejan ver por allí un par de dirigentes radicales del interior que tienen cita con algunos funcionarios de segunda línea. Es el único lugar de la Casa Rosada en el que está permitido fumar.

Antes de la retirada, los periodistas pasan por la Galería de los Bustos Presidenciales, donde se deja ver en mármol de Carrara la estampa de Néstor Kirchner con su ya mítica curita en la frente, producto de un golpe con una cámara fotográfica el día de su asunción. Por allí también moran los relieves art decó de José Fioravanti. Atrás, está la Salida Norte.

El silencio de la Casa Rosada hace aún más tangible el peso de la historia.

M.M.