La carta de mi hijo
Les envío esta carta que me hiciera mi hijo primogénito en el Día del Padre, y quiero compartirla con todos los padres, sobre todo con los que viven separados de sus hijos.

Miércoles 19 de Junio de 2013

Les envío esta carta que me hiciera mi hijo primogénito en el Día del Padre, y quiero compartirla con todos los padres, sobre todo con los que viven separados de sus hijos. "Querido viejo: muchas veces me has escrito y muchas veces hemos hablado del tiempo. Sí, del tiempo, porque la separación hizo que nuestro tiempo siempre fuera poco, o al menos que no fuese tanto como el que hubiésemos querido tener. Siempre te angustió esa necesidad de exprimir ese tiempo al máximo, ese tiempo siempre escaso. Y pasó, justamente, el tiempo. Y con el hemos crecido. Yo hoy llevo una vida distinta a la de aquél niño, una vida llena de obligaciones, corridas, compromisos y demás yerbas. Pero también quizás hemos aprendido. Al menos yo he aprendido que, tal vez, no hay tiempo. O mejor, quizás, que no existe un tiempo, que hay distintos tiempos. Todo depende de cómo se lo mire. Vivimos en una sociedad que "cuenta" el tiempo como quien cuenta manzanas caídas, como quien cuenta con la calculadora. Horas, minutos, segundos. ¿Qué hora es? ¿Cuánto falta? ¿Cuánto dura? ¿Cuánto tarda? Todos nos perdemos diariamente en la agonía del reloj. Pero a veces es bueno sacarse el reloj, y mirar las cosas de otra manera. Y "contar" el tiempo como quien cuenta historias, como quien narra los cuentos. Y así llenar el tiempo de cosas, de personajes, de momentos, de risas, de anécdotas, de "te acordás?", de recuerdos alegres y de recuerdos dolorosos. Pero cuando se cuentan historias, ¿importan acaso los minutos? ¿Importa en qué año fueron tal o cuál vacaciones? ¿O cuánto duró? ¿Importa cuántos cuentos me contaste, cuántas noches, cuánto duraban? ¿Importa cuántos minutos vimos jugar al Rojo? ¿Importan cuántos goles gritamos? No, no importa. Porque nadie se acuerda de eso. Lo que nos acordamos es la emoción que vivimos. Un minuto de risa vale más que mil de silencio. Y a veces un minuto de silencio dice más que mil palabras. El tiempo lleno es el único que de verdad importa. Esos tiempos llenos son los que nos roban una sonrisa al recordarlos. Es que el tiempo del reloj no sabe nada. No sabe de abrazos, ni de chistes, ni de momentos graciosos, ni de miedos, ni de coraje, ni de nervios, ni de calma. No sabe nada. Sólo transcurre. Quiero proponerte entonces que hoy cuando festejes mires atrás y cuentes ese tiempo narrándolo. Y vas a ver que lo disfrutamos muchísimo. Y que lo que importa no es cuánto tiempo pasemos juntos sino cómo los llenemos. Siempre voy a tener tiempo para vos viejo. Ojalá lo sigamos llenando. Como hasta ahora. Como desde siempre. Te quiero mucho. Andrés".

Arístides Ricardo Alvarez