Martes 14 de Abril de 2009
Que nuestro clase política está confundida sobre sus funciones no es una novedad. Es claro que para ellos es más importante ganar una elección que tratar de hacer un país mejor. La avidez por los cargos y las ingentes cantidades de dinero invertido en propaganda política hace imposible no pensar que, detrás de la victoria, hay un sinnúmero de beneficios, sobre todo económicos, para los "galardonados" y sus amigos. La candidatura de Miguel Del Sel es un claro ejemplo. ¿Qué buscan Macri o Reutemann al convocarlo? Es claro que van en búsqueda de la victoria que puede reportarles tener entre los candidatos a una persona pública muy conocida y famosa. Si los partidos son el respaldo de lo que piensan sus postulantes, ¿cómo piensa Del Sel si le da lo mismo ir por el PRO que por el peronismo, ambas posiciones irreconciliables en muchos de sus basamentos? Por supuesto que casos son los que sobran entre los políticos de carrera (sin entrar a hablar de las alianzas)... ¿No sería mejor (para el país, claro) invitar a formar lista a algún intelectual de prestigio en lugar de alguien que ha vivido de la chabacanería y la banalidad? En definitiva, el éxito de ciertos artistas en el espectáculo no es diferente del de muchos políticos en la escena pública: se basa en la falta de formación de quienes estamos del otro lado que, al aplaudirlos (y votarlos), aplaudimos al tiempo (y elegimos) nuestra propia incapacidad para juzgar qué es bueno y qué no de aquello que está en el escenario.
Juanjo Cura, info@juanjocura.com