La campana es la hora de la verdad
Está visto que por más muecas y gestos desafiantes que se hagan a la hora de subir al ring, cuando suena la campana es la hora de la verdad. A este señor Maravilla Martínez lo he visto haciendo de coaching en varios programas de televisión...

Jueves 12 de Junio de 2014

Está visto que por más muecas y gestos desafiantes que se hagan a la hora de subir al ring, cuando suena la campana es la hora de la verdad. A este señor Maravilla Martínez lo he visto haciendo de coaching en varios programas de televisión donde daba clases de cómo encarar la vida, escribiendo posiblemente libros de autoayuda. Y el pasado sábado lo derrotó su propio alter ego, su incipiente soberbia, su excesiva confianza. Detrás de una actitud humilde que parecía su impronta, anidaba el verdadero “súper yo”, antecesor directo del fanfa. Bajar la guardia ante eminentes golpes de un adversario más joven y bastante mejor preparado es, cuanto menos, de una desprolijidad combativa. Claro que yo no entiendo mucho de boxeo, ver dos personas que se masacran tampoco es de mi agrado, tomarme la atribución de criticar de mi parte es un error. Pero como argentino me dolió, por él espero que este resultado le baje los decibeles. Pero las reglas de juego sociales son así, cuando te va bien eres Gardel y Lepera, cuando va mal se cae el maquillaje y fuiste, veremos ahora si lo convocan los programas faranduleros, animándose a reconocer la derrota.
 

Roberto Sánchez