Lunes 01 de Abril de 2013
La reciente propuesta relativa a la designación de una calzada rosarina con el nombre del actual Papa constituye una confirmación del oportunismo, estrechez de miras y servilismo que han sido por décadas las notas distintivas de algunos dirigentes políticos a quienes la ciudadanía soporta con una paciencia infinita. El oportunismo a que aludimos se halla en las antípodas del que caracteriza a los grandes estadistas. En ellos esa cualidad -que responde al conocimiento certero de la realidad- les permite poner en práctica decisiones de real importancia para la población en el momento adecuado. Muy por el contrario, se advierte en el trasfondo de la iniciativa que cuestionamos la mezquina intención dirigida a la captación de aquellos electores que adhieren al catolicismo, aprovechando la época de Pascua. La estrechez de miras se evidencia en el tipo de homenaje planteado: no se trata de un saludo o legítimas expresiones de deseos relativas al éxito de tan complejo ministerio, sino que aparece como un reconomiento anticipado a una trayectoria -en este caso el Papado- que acaba de comenzar. En otras palabras: se otorga el premio a un corredor que apenas traspasó la línea de largada. Si se pretende fundar la inquietud en la nacionalidad del nuevo pontífice, se trata de una actitud demagógica tendiente a contentar a esos nacionalistas de opereta que pululan en nuestro sufrido país: son los típicos cholulos cuyo discurso gira siempre alrededor del sabor único de nuestro dulce de leche, la calidad de las carnes, nuestros jugadores de fútbol y las inagotables riquezas de nuestro suelo, bienes que ellos jamás podrán gozar. La elevada misión espiritual de cualquier religión trasciende las nacionalidades. El comportamiento servil se exterioriza en el tributo desmedido que se rinde a una persona atendiendo a su innegable influencia espiritual y terrenal. Es la eterna pretensión de agradar a quien detenta el poder. Quizá sea el momento de recordar una expresión atribuida a Sarmiento dirigida a quienes ocupaban bancas de ediles de la ciudad de Buenos Aires: "Señores, ustedes están para limpiar de bosta las calles". Y para que nuestra ciudad vuelva a ser habitable, hace falta mucho más que barrer los excrementos de los nobles equinos.
Enrique Jorge Arévalo
DNI 10.189.789