Martes 24 de Febrero de 2009
La reciente instrumentación de la ley de Moratoria y Blanqueo promulgada por el gobierno nacional ha generado una irritativa polémica en todos los ámbitos de nuestra sociedad. El Estado, desde sus orígenes, ha tenido necesidad de cubrir gastos y para hacerlo inventó el impuesto. El impuesto pasó entonces a ser la riqueza que los particulares deben pagar y no pagan, para que el Estado cumpla con los servicios que muchas veces no cumple. Los que deben pagar impuestos se llaman contribuyentes. Los contribuyentes se dividen en dos grandes grupos, los cumplidores que dicen que pagan todos sus impuestos y los incumplidores, que sin decir que pagan todos sus impuestos, tampoco los pagan. Estos últimos son los denominados evasores. Los mismos están al margen de la ley y merecen severísimas penalidades, que nunca le son aplicadas. La evasión en nuestro país es muy elevada. Las estadísticas, esas apariencias disfrazadas de rigor científico que mienten a más no poder, dan cuenta de que asciende a mas del 50 por ciento, lo que no significa que la mitad de los contribuyentes sean inmaculados aportantes y la otra mitad evasores a ultranza. Podría ser, por el contrario, que cada argentino sea un evasor al 50 por ciento o un cumplidor al 50 por ciento, que para el caso es lo mismo. Si la situacíon fuera esta última, quedaría salvado el principio de igualdad según el cual todos los contribuyentes son iguales frente a la ley tributaria, aunque se sabe que algunos son más iguales que otros, con una paradoja adicional: un contribuyente cumplidor sería igual a un evasor. Ante esta inequidad el Estado dicta el blanqueo, proceso daltónico por el cual quien operó en negro blanquea su situación para que de ese modo sus cuentas con el fisco dejen de estar en rojo. Con el blanqueo se restituye esa igualdad perdida o al menos eso se procura, porque es probable que siga habiendo contribuyentes más iguales que los restantes, todo esto por supuesto hasta el próximo blanqueo, que en el futuro no se repetirá, y esto es muy cierto mientras el futuro sea tal pero no cuando se haga presente. Por lo que cada blanqueo es más último que los anteriores y sin embargo menos último que el siguiente. Por eso muchos blanquean hasta el próximo blanqueo, y en el ínterin siguen siendo evasores mientras algunos ingenuos pagan sus impuestos. La burla y la sátira de la ley continua. Y la burla no es cosa seria. Lo único serio, es que nuestra política económica no es creíble ni confiable.
Fausto Riéffolo, frieffolo@yahoo.com.ar