Lunes 10 de Marzo de 2014
El objetivo de llegar a los numerosos lectores de este prestigioso matutino con esta reflexión es dejar sentado la autenticidad la Biblia, volumen sagrado, frente a escritos que pretenden desautorizarlo. La Biblia es la revelación de Dios a los hombres y en ella tenemos su plan perfecto para el ser humano y la respuesta a los grandes interrogantes de la vida. El autor es Dios mismo. Por esa razón es la palabra de Dios. Alguno dirá: ¿cómo puede ser la palabra de Dios si es un libro? A través de algunos datos en relación a este volumen podremos comprender el fundamento de estas afirmaciones. La palabra “biblia” etimológicamente quiere decir “los libros”, o “biblioteca”. Efectivamente, en este volumen encontramos 66 libros que fueron escritos en un espacio aproximado de 1.500 años y en su escritura intervinieron 40 hombres de distintos extractos sociales, y a pesar de esto no hay ningún tipo de contradicción manteniendo una unidad absoluta desde el primero de los libros hasta el último. Y esto se debe a que detrás de cada escritor estuvo Dios inspirando a cada uno de ellos. Prueba evidente de esta intervención sobrenatural son sus precisiones científicas, históricas, geográficas, proféticas, su indestructibilidad a pesar que en distintas épocas las han querido hacer desaparecer, como asimismo los descubrimientos arqueológicos que demuestran la veracidad y la autenticidad de sus escritos. El tema central de la Biblia es Jesucristo, presentado como el único camino del hombre para llegar a Dios. Las escrituras del Antiguo Testamento en forma profética hablan de Jesucristo y en el Nuevo Testamento se encuentra el cumplimiento de dichas profecías, con la llegada de Jesucristo al mundo en Belén, (que era Dios mismo tomando forma humana), su vida, sus enseñanzas y su muerte en la cruz para salvarnos. Por otra parte, encontramos en el Nuevo Testamento el nacimiento de la Iglesia de Cristo y los escritos apostólicos. Por supuesto que en un espacio tan breve no se puede describir todo lo que es la Biblia, pero mi deseo es que este pequeño escrito sirva para provocar el interés de leerla, de interiorizarnos de su contenido y que nos podamos dar cuenta de que no la podemos comparar con ningún libro que haya sido fruto de la mente humana, y menos aún aceptar que algunos de ellos quieran negar su autenticidad.
Jorge R. Alonso