Domingo 01 de Diciembre de 2013
Hace 20 años, la reunión de tres amigos determinó que saliera un libro. Los amigos eran Gilberto Krass, Rafael Oscar Ielpi y quien redacta este texto. Como nadie me lo prohíbe, voy a prescindir de mí mismo. Krass se encargó de hacerlo editar con mucho afecto. Ielpi escribió parte del mismo. El tercero, es el fantasma de lo que era hace veinte años atrás.
El libro se llamaba “Philip & Raymond dos homenajes”; se trataba de Philip Marlowe el detective privado creado por el talento de Raymond Chandler. Recordemos que Chandler, y antes que él, Hammett, deben considerarse como los creadores del género del policial negro, haciendo una aclaración. El título en realidad proviene de los franceses que lo usaron para calificar a películas que llegaron a París apenas terminó la segunda guerra mundial.
Esas películas, estaban basadas en novelas como las de Hammett y las de Chandler, pero es a través de ese calificativo, que son conocidas.
Aclaremos además, y no se vea en esto ninguna exageración, que comparadas con algunas series de televisión y algunas novelas que se han considerado continuadores del género, no lo son.
Puede ser buenas series, en sí mismas algunas muy buenas, pero poco tienen que ver con las historias originales publicadas en la famosa revista “Pulp Fiction”. Y las del cine, por lo menos las que pasan en televisión, son parientas muy lejanas de las historias originales.
Una de las mayores diferencias, es paradójicamente, que las actuales, ya sea en cine, en TV y en libro, tienen sin duda una mejor calidad técnica. Pero de ninguna manera esa mayor calidad alcanza para lograr ese clima que hoy recreamos en nuestras nostalgias.
Pensemos en “El misterio del tercer piso” de Boris Ingster (1940) en el cual trabaja Peter Lorre. En 1941, John Houston realiza el “Halcón Maltés”. De 1942, es “Un alma torturada”, de Frank Tuttle. En 1943, Norman Foster, filma “Jornada de Terror”. Y de 1944, son “El enigma del collar”, de Edward Dmytryk; “El ministerio del miedo”, de Fritz Lang, y “La máscara de Demetrio” de Jean Negulesco. Otra pequeña aclaración, el original de la novela de Erick Ambler es “A coffing for Dimitrios”. Señalemos también que Ambler era un escritor de novela de espionaje que se relacionó bastante poco con lo policial.
Pero comencemos a hablar del tema esencial de esta nota, que no es solamente el recuerdo de esa publicación de 1993, sino de la poesía de Rafael Ielpi.
En el libro, estaba incluido un bellísimo poema de Ielpi llamado “Responso a Philip”. La primer parte del poema es extensa y memorable. Por esta razón nos permitiremos transcribirla prácticamente integra:
“Ambos habíamos descreído siempre
Del trabajo duro, “ese pobre sustituto
Del talento”. Debe ser por eso
Que compartimos tus pobres pertenencias:
El polvo y el abandono de una oficina
Donde las telarañas y los vasos manchados
Eran los soplones de nuestra desidia;
Citas perdidas, rescatadas por momentos
Breves de una conversación sin importancia,
Ante personas que seguramente ignorarían
Quien era Proust (y ese era, sin duda,
El mas venial de todos sus pecados);
Prostitutas baratas, engañadas
Y a su vez desengañadas de una vida
Entre penumbras y whisky adulterado;
Pequeños delincuentes para quienes la noche
Era una madre placentera y a quienes
La muerte encontraba siempre de madrugadas?”
El libro incluye además, un ensayo en el cual el Negro Ielpi traza una visión de la novela negra. También un cuento escrito en primera persona y en el cual, él se transforma en Philip Marlowe. Y con el título de “Emociones y sensaciones”, Ielpi recorre en unas breves líneas, la historia de este libro en particular. Es bellísimo ese texto. Por ejemplo: “? Es un fracasado (hablando de Marlowe) porque no tiene dinero. Y un hombre que, sin tener impedimentos físicos, es incapaz de obtener un ingreso decente, constituye siempre un fracaso, y casi siempre un fracaso moral. Un gran número de hombres excelentes, sin embargo, han sido fracasados porque sus aptitudes particulares no se acomodaban a su tiempo y espacio. Me imagino que tarde o temprano todos somos fracaso. De lo contrario, no tendríamos el mundo que tenemos?”.
Ya mencionamos el afecto con que Krass hizo editar el libro; agregaríamos la sorpresa que me dio encontrar, no hace mucho tiempo, libros que el mismo Krass había repartido casi secretamente en distintas librerías de la ciudad. Tuve la suerte, siendo amigo de esos libreros, que los haya recibido como regalos, aumentando de esa manera, los dos libros que tenía en mi biblioteca.
Me gustaría ahora referirme a dos comentarios, que fueron publicados en ese entonces. El de Daniel Briguet en Rosario 12 y el del Negro King en La Capital. Si alguna vez podemos darnos el lujo de una reedición esos comentarios serían imprescindibles.